LOS VALAR
Los SEÑORES DEL OCCIDENTE
 
 
 
 
Aulë
Estë
Irmo
Manwë
Melkor/Morgoth
Námo
Nessa
Nienna
Oromë
Tulkas
Ulmo
Vairë
Vana
Varda
Yavanna
 
 
 
 
AULË El Herrero
 
Aulë era el señor de las obras y las cosas materiales, y el más cercano en mente y carácter a Morgoth. Era el Señor de la Tierra y comprendía y manipulaba las substancias. Así, construyó las montañas y talló los valles, moldeando la superficie de Arda según la visión de Eru. Cuando Morgoth reformaba o destrozaba las obras de Aulë en las luchas anteriores a la Batalla de los Poderes, el Herrero luchaba por restaurar los resultados de su labor; pero este hecho demostró ser finalmente imposible, y la imagen de Arda perdió totalmente su simetría
Las creaciones de Aulë eran numerosísimas. Además de los adornos, armas y vestidos que necesitaban sus hermanos Amur, sus forjas crearon las Dos Lámparas, Illuin y Ormal. Iluminaron el Mundo al principio de los Días Antiguos. Erigiendo unos picos inigualables para que las mantuvieran, los talló para que contuvieran el aura encantada creada por Varda. Tras su destrucción y la subsiguiente muerte de los Dos Arboles, los valar le llamaron de nuevo para que construyera los bajeles para la Gran Luz, así creó el Sol y la Luna.
Sin embargo, la mayor de las obras del Herrero puede que sea la raza de los enanos (Kb. "Khazád"). Aunque con remordimientos de conciencia, Aulë moldeó en secreto a los Siete Padres de los Enanos bajo las montañas de la Tierra Media, con la esperanza de que pudieran infundir una vida especial en Arda. Esta concepción era suya propia y estaba en contra del pensamiento de Eru, pero no era ésta una obra causada por la malicia, y no provocaría su caída. Enfrentándose a su señor, Aulë se sometió y casi llegó a destruir a sus siete hijos, aunque Eru les permitió dormir hasta que llegara la hora de su nacimiento (tras el despertar de los elfos y de los hombres). El Unico perdonó al Señor de la Tierra, que permaneció leal al Equilibrio de las Cosas.
La transgresión que causó el nacimiento de la raza enana era acorde al carácter de Aulë. Al igual que Morgoth, el Herrero disfrutaba creando objetos físicos, y deseaba crear vida. Su mayor gozo se hallaba en el fruto de su sincera labor. Sin embargo, y a diferencia del Enemigo Negro, las obras de Aulë contenían amor y su propósito era aumentar la creación, no reemplazarla o apartarse de ella.
Desafortunadamente, aunque los servidores de Aulë compartían este deseo por crear, muy a menudo carecían de su amor y sabiduría. Su primer gran sirviente, Sauron, fue seducido por el Enemigo Negro antes de entrar en Eä. Saruman, el sucesor de Sauron, sufrió un destino similar (aunque menos épico). Ambos cayeron presa del deseo de ser señores del mundo material y, como Morgoth, ambos se rebelaron.
El amor de Aulë puede atribuirse también a su esposa Yavanna. Su maravillosa mujer le dio al Herrero un afecto equilibrado. Ella suavizaba su espíritu material con su conocimiento y empatía con los seres vivos y, juntos, presidian el cuidado de la tierra.
El fana, su apariencia física exterior o el cuerpo adoptado para aparecer en Aman, de Aulë, era robusto y fuerte. Su largo pelo trenzado, su negra barba y su piel de color marrón rojizo le daban la imagen de un gran (2,1 metros) enano. Ciertamente, los hijos se parecían a su padre.
 
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ESTË
Estë era la mujer de Irmo y, como su esposo, era la vigilante de los vivos. Se preocupaba por el descanso y la renovación del cuerpo y del alma. Ningún vala tenía un poder de curación mayor que el suyo.
La plácida Estë, de capa gris, se encargaba de las Fuentes de la Renovación, en el Bosque de Lórien. Tanto ella como su marido residían en el mágico bosque, aunque ella descansaba sola durante el día, en una isla en el lago llamado Lórellin ("Lago de las Estrellas Doradas"). El sencillo y amable fana de Estë caminaba junto a Irmo durante las tranquilas horas noctumas, en el momento del descanso pacifico.
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IRMO
Al igual que su hermano mayor Námo, Irmo era uno de los Fëanturi ("Señores de los Espíritus"). Era el señor de las emociones y de los sueños, el espíritu de la vida; de ahí su nombre, "Anhelador". Junto a su mujer Estë, salía por la noche de su tierra natal en el Bosque de Lórien, viajando cuando los sueños de los Hijos de Eru eran más activos.
Mientras que su hermana mayor Nienna apoyaba a los que sentían pena y Estë curaba el cuerpo, Irmo aliviaba el espíritu. Comprendía los impulsos básicos del alma y, mientras su hermano era el encargado del destino y la condenación, él vigilaba los deseos y esperanzas inherentes en todos los espíritus. Debido a esta tutela, Irmo era generoso y siempre se preocupaba por la felicidad de los demás.
El fana de Irmo iba vestido con ropas de colores de un profundo azul boscoso, como el color de los árboles a la luz de la luna. Su alta y esbelta forma y sus gentiles modales sugerían su paz interior, pero el fuego del deseo siempre encendía una chispa muy especial en sus ojos.
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MANWË
Manwë era el Rey de los Valar y era quien estaba más cerca de Eru en espíritu de todos los valar. Sólo Morgoth y su esposa Varda podían riva lizar con su fuerza. No había ningún vala por encima suyo.
Manwë y Varda compartieron un prolongado amor que no tenía límites, un amor que sobrevivió a los celos de Morgoth. Su unión les proporcionó a ambos más poder todavía, y juntos eran mucho más fuertes que la suma de sus talentos por separado. Cuando Manwë se sentaba al lado de Varda en Ilmaren, veía cualquier cosa que ocurriera en la superficie o en las aguas de Arda simplemente separando las nubes.
Como Súlimo, el "Alentador", Manwë era el señor de los cielos y controlaba el aire y el tiempo meteorológico de Arda. Su aliento gobernaba los vientos, su visión limpiaba las nieblas y su furia hacia nacer las tormentas que hacían temblar la tierra. Junto con Varda, era él quien determinaba el curso de la luz que atravesaba el cielo.
Como Rey de Valinor, Manwë actuaba como el líder del Concilio de los Valar y presidía todas las deliberaciones del Anillo del Juicio. Era el líder, consejero, maestro y supervisor de su pueblo y, junto a su mujer Varda, era el patrón de los vanyar que vivían en las laderas junto a sus Mansiones y en la hermosa ciudad de Valmar.
El gran defecto de Manwë estaba relacionado con su firme creencia en el pensamiento de Eru. Debido a su proximidad al Único, el Rey de los Valar no comprendía la naturaleza ni las motivaciones que se escondían detrás del Mal. Por ello, nunca llegó a comprender el peligro inherente en el Enemigo Negro, ni tampoco percibió la gravedad de las maquinaciones de Sauron. Varda, no obstante, actuaba como su consejera en la mayoría de estos asuntos, al igual que Ulmo; y finalmente, la vigilancia de Manwë tuvo su fruto.
El fana de Manwë era el de un sabio señor, con barba y pelo blanco, con la piel clara y los ojos del color del azul del cielo. Vestido con ricas ropas de color azul, era el arquetipo del rey. En las profundidades de sus ojos brillaban unas estrellas de pura luz blanca, lo que dotaba a su mirada de un enorme resplandor.
 
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MELKOR/MORGOTH
 
Para conocer más sobre el valá caído sigue al Enemigo Negro hasta su guarida.
 
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NÁMO (MANDOS)
 
Námo era el hermano mayor de Irmo y Nienna. Como Irmo, el Ordenador era un Fëantur ("Señor de los Espíritus"), un señor de las visiones y destinos interiores. Sin embargo, Námo no se interesaba por los hechos intermedios que preocupaban a sus hermanos; en lugar de eso, simplemente presidía la muerte de los espíritus. Su nombre deja claro su papel como proclamador del Destino. Era el árbitro del juicio, y el encargado de cuidar las vidas en el más allá.
Námo residía en los Salones de Mandos ("Aprisionamiento"). Allí, en las orillas occidentales de Aman, vigilaba el Mar Circundante y protegía a los espíritus que aguardaban el Fin del Tiempo y el clímax de la visión de Eru. Ningún alma podía abandonar los Salones sin su consentimiento, y era bajo su tutela donde los espíritus de los Primeros Nacidos reposaban tras su muerte. Morgoth fue aprisionado aquí, al igual que otros Ainur caídos que esperaban su juicio y arrepentimiento.
La mujer de Námo, Vairë, vivía con el Señor del Juicio en sus Salones, tejiendo el registro del Tiempo que ayudaba a su esposo en sus juicios. Con la excepción de la siempre desolada Nienna, ella era la única compañera frecuente de Námo. Un aire de crepúsculo teñía este lugar de modo continuo.
Naturalmente, el fana de Námo solía tener un aspecto lúgubre. Negras ropas adornaban su forma escogida: un cuerpo alto, anguloso, pálido, sin pelo y que destacaba por sus profundos ojos negros.
 
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NESSA
 
Nessa era la bastante despreocupada y hermosa mujer del vala Tulkas. De todas las valier, sólo Vána poseía un espíritu más salvaje. Como su esposo, Nessa gozaba corriendo, jugando, riendo, disfrutando en la celebración de la vida. Personificaba el júbilo, el gozo y la felicidad, y nunca pensaba en llevar armas.
Sin embargo, y por encima de todo, Nessa bailaba. Revoloteando alegremente por el imperecedero y verde césped de Valmar, se regocijaba danzando siempre que estaba en casa. En campo abierto, se dedicaba a correr de forma juguetona con su amado ciervo, que siempre la seguía en todas sus travesuras, sabiendo que siempre podría superar a las criaturas que la seguían. Sólo Tulkas y Oromë eran más rápidos que ella corriendo.
El fana de Nessa era el de una ágil pero elegante mujer joven con el pelo de un color rojo anaranjado flamígero y unos ojos tan verdes como las alfombras de césped sobre las que bailaba.
 
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NIENNA
 
Nienna era la hermana menor de Námo (Mandos) y la hermana mayor de Irmo (Lórien). Era una valie solitaria, y vivía en el punto más occidental de Aman. Allí, su solitaria torre se elevaba por encima de los grises acantilados mordidos por las aguas crepusculares del Mar Circundante.
Nienna era la Enlutada, La que Llora, y personificaba el sufrimiento. Era la verdadera antítesis de Nessa, y nunca festejaba; en realidad, soportaba el dolor de Eä. Sus espaldas aguantaban el sufrimiento causado por los errores de todos los demás espíritus, pues ella asumía su tristeza. Al apiadarse de la mayoría de los espíritus rebeldes, La que Llora sufría por los demás. Representaba la conciencia de Eä. Sin ella, el dolor en el viaje de la vida habría sin duda abrumado a los Hijos de Eru.
El fana de Nienna ilustraba su función. Pálida, de ojos rojos y con mejillas escarlatas, marcadas por ininterrumpidas lágrimas, caminaba lentamente. Sin embargo, había fuerza en sus ojos acuosos, pues era lo suficientemente fuerte para apiadarse y perdonar virtualmente cualquier transgresión por la que se hubiera mostrado arrepentimiento.
 
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OROMË
 
Oromë era el Cazador de los Valar. Mensajero y rastreador inapreciable, fue el mayor montaraz que puso nunca un pie en Arda. Sus habilidades en los bosques son legendarias. Como Araw, era el patrón de muchos elfos, y, como Bëma, era reverenciado por los hombres. Era el más conocido de los valar en Endor. Sus largos viajes sobre su caballo blanco Nahar le permitieron conocer casi cualquier región de la Tierra Media, y dejaron un legado de familiaridad den los pueblos que nunca llegaron a verle.
Oromë era el hermano mayor de Nessa y el marido de Vána. Compartía su pasión por la vida y su amor por los seres vivos; pero, por encima de todo, amaba las tierras salvajes. Los bosques eran sus dominios favoritos.Sin embargo, y a diferencia de su hermana, Oromë se enfurecía con rapidez. Su temperamento era fuerte y su cólera formidable y, aunque no era tan fuerte como Tulkas, podía ser un oponente más mortal. La pasión podía llevar al Cazador a perseguir a un enemigo hasta el fin del Mundo.
En los Días Antiguos, Oromë persiguió a los monstruos que salían de los pozos de Morgoth. Ningún desafío era demasiado grande, y cabalgó lejos para limpiar la tierra del Gran Mal. Después, los bosques cubrieron vastas extensiones de la Tierra Media, y Oromë parecía estar como en casa entre las criaturas de los bosques. Continuó sus solitarias cazas tras la destrucción de las Dos Lámparas, a pesar de que los animales habían hibernado. Siempre protector con los bosques, Oromë a menudo permanecía solo para aguantar el ataque de los servidores del Enemigo Negro.
Oromë fue el primer vala en hallar a los recién nacidos elfos cuando despertaron en Cuiviénen. Allí, bajo las ramas del bosque salvaje del este de Endor, se encontró cautamente con los Primeros Nacidos de los Hijos de Eru. Posteriormente, el Cazador traería a los señores elda Ingwë, Finwë y Elwë a Valinor y, tras su retomo a la Tierra Media, conduciría a sus pueblos en el Gran Viaje hacia el este.
Estos actos, junto a su lucha a favor de los quendi en la Batalla de los Poderes, le amistaron para siempre con los elfos.
El fana de Oromë es hermoso y de complexión fuerte. Su pelo de plata y su holgada capa de color blanco le dan el aspecto de un pálido torbellino cuando monta a través de los bosques bañados por la luz lunar.
El Caballo que siempre monta el vala responde al nombre de Nahar. Hermoso semental blanco cuyo amés brilla como la plata bajo la luz lunar. Nahar no deja rastros y puede cabalgar de forma incansable a unas velocidades imposibles para cualquier otro animal. La fidelidad de Nahar por Oromë es inquebrantable y luchará hasta la muerte por Orome o por su mujer Vána. Su voz es como una canción, y puede hablar y entender a Oromë, Vána o Nessa.
 
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TULKAS (ASTALDO)
 
Tulkas es el guerrero consumado. Lucha sin armas, sin furia ni miedo, y no conoce igual en fuerza o velocidad. Es más rápido y fuerte que cualquier criatura. Un formidable enemigo y un valioso aliado.
Aunque Tulkas no fuera uno de los Aratar, Morgoth le temía más que a cualquier otro vala. La completa falta de preocupación por parte de Tulkas hacia las amenazas o peligros, enfrentaba al Enemigo Negro con un oponente al que no podía intimidar. El Valiente siempre luchó como si estuviese jugando, riéndose de los obstáculos como si fueran juegos o divertidos desafíos. Por ello, Morgoth no podía utilizar la ira del Campeón como un arma contra Tulkas, de la misma forma que hacia con otros enemigos.
Extremadamente lento a la hora de enojarse, Tulkas era un amigo rápido que habría respetado un vinculo de amistad con su propia vida. Nadie era más leal que él. Su debilidad figuraba en su débil intelecto, no en su compasión. En realidad, la mente de Tulkas le convertía en un pobre consejero y reducía su estatus entre los valar. Fue el último en entrar en Eä y no se le contó como uno de los Poderes Exaltados, a pesar de su supremacía en proezas físicas y a pesar del hecho de que Tulkas subyugó a Morgoth durante la Batalla de los Poderes.
El fana de Tulkas tenía el pelo dorado, la barba dorada y unos rasgos felices y rubicundos. Su profunda y alegre risa y sus bailarines ojos le proporcionaban un aspecto gentil, aunque poderoso.
 
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ULMO
 
Con la excepción de Oromë, Ulmo era el más conocido de los valar, pues su espíritu era el que más cerca vivía de Endor. La esencia de Ulmo se arremolinaba en cada lluvia, corría por cada arroyo y yacía en cada estanque y bahía de Arda; llegaba con el rocio matinal. Ulmo residía en las más altas nieves de Eä y en sus más profundos lagos. Como el agua era la "sangre" del Mundo, el Vertedor era ciertamente el Espíritu de las Venas de la Tierra.
Ulmo era el segundo entre los reyes valar y tercero dentro de la jerarquía de los Poderes Exaltados. Sólo Manwë y Varda se hallaban por encima suyo en el esquema de Eä. Se trataba de un espíritu solitario que raramente adoptaba una forma y que sólo ocasionalmente visitaba Valinor. Era el, virtualmente autónomo, Señor de las Profundidades. Ulmo veía y oía todo lo que transpiraba bajo las olas y sabia todo lo que ocurría allí donde fluía el agua. Su conocimiento de la Tierra Media sobrepasaba muchas veces el de Manwë y Varda, pues había cosas y hechos que podían ser ocultados al Rey y la Reina, pero que no podían eludir el conocimiento del Señor del Océano.
El apartado reino de Ulmo constituía una amenaza para Morgoth, pues su autoproclamado titulo de Rey del Mundo no se extendía a los mares. Morgoth odiaba el agua y temía al indomable océano, de forma que intentó suplantar a Ulmo ofreciéndole a Ossë, el vasallo del Señor del Mar, todo el Reino de las Aguas. Finalmente, Ossë rechazó la oferta del Enemigo Negro y, gracias a la intercesión de su esposa, la maia Uinen, fue perdonado por su señor.
La voz de Ulmo era profunda como el mar. Era la más fuerte de todo Eä y sus sirvientes demostraron ser los mejores cantantes que nunca vivieran en Arda, con la excepción de la valie Vána. Eru le concedió a Ulmo más música que a los demás valar, y su conocimiento sobre las canciones no tenía igual. Fue su pueblo el que enseñó a los teleri cómo cantar. También Ulmo dirigió a Ossë cuando éste instruyó a los teleri en el arte de construir barcos, y esta destreza era evidente en las maravillosas creaciones de Círdan, el carpintero de barcos sinda. Estas acciones, combinadas con el dominio de Ulmo sobre su amado mar, llevaron a los elfos teleri a adoptar a Ulmo como su patrón junto con Varda).
La preocupación de Ulmo por el bienestar de los Hijos de Eru se extendía más allá de los Teleri. El Señor del Océano transportó a muchos de los eldar hasta Aman y aconsejó a los Pueblos Libres durante las luchas que tuvieron lugar a lo largo de la Guerra de las Grandes Joyas al final de la Primera Edad. Sabiendo de los lugares secretos donde corría el agua, Ulmo reveló las cavernas ocultas que les proporcionaron a los noldor refugio en las últimas etapas de su resistencia contra Morgoth. Como resultado, y a pesar de que las mordaces nieves, torrenciales lluvias y rugientes mares del Vertedor se llevaron muchas vidas y sembraron miedo considerable, muchos consideran al Señor de las Aguas como un amigo.
Ulmo raramente adopta un fana, pues raramente sale a tierra. Prefiere en su lugar cambiar de forma con sus caprichosas aguas. Cuando adopta una forma, sin embargo, suele aparecer como una enorme manifestación de los temas del mar. Sus ojos índigo asoman desde debajo de una capucha de cadenas y una brillante cota, una capa de armadura siempre lavada, cuyo color va cambiando gradualmente hasta llegar a un verde oscuro cuando vuelve a sus profundidades. La negra barba de Ulmo también cambia de color, llegando a parecer en algunos momentos que no es nada más que un montón de algas enredadas. La suyá es una forma de cualidades cambiantes que se adapta a su naturaleza.
 
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VAIRË
 
Vairë era la mujer de Námo y vivía con él en los Salones de Mandos, en la costa occidental de Aman. Allí, en el remoto Lugar de las Almas, tejía el registro del Tiempo. Námo utilizaba su crónica para juzgar el destino de los espíritus.
Silenciosa y seria, Vairë era una buena compañera del Ordenador. Su delgado fana iba vestido con ropas de color púrpura oscuro y líneas sobrias, lo que le proporcionaba un aire de autoridad apto para su gran papel.
 
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VANA
 
Vána era la hermana menor de Yavanna y la mujer de Oromë. Absolutamente juvenil y salvaje, era la Señora de las Flores y de la Canción. Como personificación de la Primavera de la Vida, representaba el nacimiento y la renovación entre los seres vivos. Su feroz naturaleza y sus apasionadas canciones alegraban los corazones de los oyentes y les hacían rememorar recuerdos de sus años jóvenes.
Vána amaba las flores y los pájaros y cuidaba unos maravillosos jardines en las salvajes tierras del sur de Valinor y en los majestuosos rincones del hermoso Valmar. Sin embargo, allí por donde pasaba, los pájaros cantaban como para anunciar su llegada y las flores se elevaban como para mirar a su hermoso fana. Fuera noche o día, sólo necesitaba mirar a una flor para que ésta floreciera.
La feroz esencia de Vána era la que causaba su gusto por la música poderosa y por los brillantes colores. Le gustaban los tonos claros y dorados, gustos que compartía con su principal servidora, Arien. Arien, un Espíritu del Fuego de considerable poder, se encargó de las flores doradas de los jardines de Vána durante cientos de años, hasta que llegó el momento en que se le encargó la tarea de guiar al sol.
El fana que Vána adoptaba en Valinor era el de una mujer salvajemente hermosa e impredecible. Brillante y elegante, eclipsaba las cosas materiales y aparecía siempre como la Siempre Joven.
 
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VARDA
 
Varda era la compañera de Manwë, y era la más grande de las valier (las mujeres de los valar). Compasiva y sabia, era tan brillante como la Luz que personificaba. Sus trabajos fueron muchos y grandes, pues fue ella quien creó las estrellas, encendió las Dos Lámparas, iluminó los Dos Arboles, bendijo los Silmarils y llenó los bajeles que se convertirían en el Sol y la Luna. Era realmente la Reina de los Cielos ("Menel"), el epítome de la fuerza y de la belleza noble.
El lugar de Varda en la saga de los Ainur y su guardia sobre Eä fue crucial. Se convirtió en una firme oponente a Morgoth (quien la deseaba) y ayudó a Manwë a comprender los peligros que significaba el Mal del Enemigo Negro en un momento en que el Rey Vala parecía incapaz de reconocer la naturaleza de su enemigo. Su fuerte y a menudo activo apoyo por la lucha de los Pueblos Libres contrastaba con la reluctancia de la mayoría de sus hermanos por intervenir en los asuntos de los Hijos de Eru.
El constante apoyo de Varda hacia los eldar, junto a su señorío sobre las estrellas que tanto amaban los elfos, convirtieron a la Reina de los Valar en la patrona natural de los quendi. Los elfos a menudo rezaban hacia ella por amor, respeto y necesidad, y ella respondía frecuentemente a sus súplicas. El grito élfico "Elbereth Gilthoniel" salvó a más de uno de los Primeros Nacidos. Naturalmente, Varda ayudaba a todos los Pueblos Libres. Sus lámparas guiaron a marinos y viajeros de todas las razas, y su luz encantada salvó al hobbit Sam durante su lucha contra Ella-Laraña.
El fana favorito de Varda era de color blanco, como la nieve resplandeciente que brilla en las montañas bañadas por las estrellas. Era aturdidoramente hermoso, más allá de cualquier comparación.
 
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YAVANNA
 
La segunda entre las Reinas de los Valar, Yavanna, era la esposa de Aulë el Herrero. Era la Reina de la Tierra, la encamación del espíritu que hace que los seres vivos crezcan y florezcan. Su trabajo dio al Mundo las plantas, incluyendo los Dos Árboles de Valinor.
Yavanna era la guardiana de todos los Olvar (Cosas que Crecen que No se Mueven), pues fue ella quien plantó las primeras semillas y su bendición les dio vida. Por ello, todos los pueblos que dependían de las cosechas le rezaban por sus dones. Su santificación aseguraba la abundancia.
Naturalmente, los propios jardines de Yavanna eran famosos. Allí atendía a sus amigas las olvar y ponía a tono su corazón con el pulso de la vida de la tierra.
El fana de Yavanna era una hermosa figura cubierta con ropas ricas de color verde oscuro, y su aura brillaba como un fruto recién nacido al sol de mediodía. Ocasionalmente, prefería el velo de un gran árbol cuyas ramas se elevaban hacia los Cielos.
 
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