LOS VALAR COMO DEIDADES
DE LA TIERRA MEDIA

 
 

 
 
Pocos de entre los elfos de la Tierra Media de la Tercera Edad han visto nunca a un vala, y virtualmente ninguno de los miembros de los Pueblos Libres puede afirmar que haya visto a alguno. Las visitas directas de los Poderes se hicieron raras tras la Gran Batalla, y finalmente desaparecieron después del Cambio del Mundo. Sólo Ulmo y un pequeño grupo de maiar se aventuraban deforma regular en Aman. En realidad, Ulmo ve y oye muchas de las cosas que se le escapan a Manwë y a Varda, pues el Rey y la Reina de los Valar están aislados de la vida de Endor.
Sin embargo, los pueblos de la Tierra Media conocen las leyendas y las manifestaciones naturales que causaron los actos de los valar. Las fuerzas y características de la naturaleza (como las aguas, el viento y las estrellas) están vinculadas a los valar, y todas ellas forman parte de la experiencia de cada sociedad. Por esta razón, hay quien incluso deifica a los valar. Los que viven bajo las ramas de los profundos bosques y adoran a los Dioses del Bosque codician las obras de Oromë, mientras que aquellos que reverencian al Dios del Cielo saludan a Manwë.
 
 
Los Valar como Deidades
 
 
Los valar no son dioses, naturalmente, aunque a menudo son tomados como tales por los hombres. Incontables panteones incluyen a dioses que se corresponden con alguno o todos los Poderes. Generalmente, se aplican nombres y adornos diferentes, pero los rasgos adscritos a estas supuestas deidades son normalmente el equivalente a los personificados por los valar.
Es un asunto de ignorancia combinada con la percepción local. Allí donde el tiempo meteorológico es severo, el dios que corresponda a Manwë puede ser considerado poderoso y brutal; mientras que en lugares agraciados con un buen clima, puede que este dios sea débil y/o amable. En cualquier caso, la deidad es una versión confundida del Señor de Valinor. Ciertas razas reconocen sólo a algunos de los Poderes.
Los pueblos costeros que reciben toda su riqueza del mar pueden considerar a una deidad variante de Ulmo como un ser generoso y, en definitiva, como un señor que no tiene ningún igual y muy pocos sirvientes. Aunque su panteón pudiera incluir un Señor de las Estrellas de menor calibre (una variación de Varda) y un débil Dios del Cielo (de nuevo, un Manwë concebido de forma diferente), su tierra carente de bosques no precisaría para nada a cualquier deidad semejante a Oromë.
 
 
Monoteismo y reverencia por Eru
 
 
Eru es el Unico Dios, y algunas culturas iluminadas comprenden este hecho. La mayoría de los Elfos, por supuesto, creen en Eru Ilúvatar, pues reconocen que los Valar nacieron de la Llama Imperecedera del Unico, además de todos los espíritus menores. Por ello, la mayoría de los grupos élficos practican el monoteísmo. Los que no lo hacen suelen ser ignorantes grupos Moriquendi, en particular Avari, o están corruptos.
Con la excepción de los iluminados Edain, los Hombres son menos proclives a admitir la adoración de un solo dios todopoderoso. Los mortales, que tienen cortas esperanzas de vida y una historia registrada en los escritos relativamente corta, están demasiado lejos de los Días Antiguos como para poseer el conocimiento que puede hallarse en los quendi. Allí donde residen hombres monoteístas, la forma específica de sus creencias no es ni mucho menos precisa; es más, reflejan la única experiencia de su cultura. Estos pueblos suelen mirar hacia su único dios de la misma forma en que los elfos podrían minar a su patrón vala o, lo que es más común, conciben a su deidad única como una manifestación de la Oscuridad.
Al igual que cualquier mundo que contenga una minada de razas, culturas y sub-culturas, la Tierra Media parece tener una inacabable colección de deidades, panteones, prácticas y religiones. Los ritos y rituales, expresados con peculiaridades asociadas a lugares y gentes particulares, siguen temas y patrones incontables. Por ello, el pueblo de cada región suele seguir sus propias normas, tomando prestados aspectos que van mezclando con los propios, según la necesidad y el tiempo.
Sin embargo, hay en realidad una norma fundamental. Eru es el Creador y Dios, y no existe ninguna otra deidad excepto en creencia. Los valar son simplemente representaciones del poder.
 
 
Las Religiones Elfa y Dúnedain
 
 
Esta verdad crea los fundamentos de la religión dúnadan y elda. Ambos grupos viven en el noroeste de la Tierra Media y practican un forma no ritual de monoteísmo basada en la creencia de Eru como Único. Al poseer la inmortalidad y el contacto directo con los Poderes de Aman, los Eldar conocen las relaciones entre los Maiar y los Valar, los valar y Eru, y Eru y Eä. Los Dúnedain, discípulos de las enseñanzas eldar, heredaron este mismo conocimiento.
Los eldar y los dúnedain utilizan un tipo de religión muy personal que no incluye ningún clero formal y que posee Pocos rituales. La meditación personal y la celebración común ordena sus vidas espirituales. La informalidad es la norma.
Los Valar actúan como patrones de estos grupos (y de los pueblos a los que influyen), pero no son confundidos con dioses. Los espíritus Maiar llevan a cabo papeles de menos importancia y son respetados como los sabios, o reverenciados como los cuidadores espirituales de la tierra. Sin embargo, la verdadera adoración se reserva para Eru; y aunque la fe es esencial y omnipresente, no es intrusiva. Este hecho agrada a los Valar y su pueblo Maiar, pues es acorde con El Equilibrio de las Cosas.
 
 
Religión y Oscuridad
 
 
La Oscuridad ha plagado frecuentemente las sociedades humanas. Tanto Morgoth como Sauron se autoproclamaron Reyes de los Hombres, y cada uno de ellos sembró la ignorancia entre sus potenciales súbditos. La religión se convirtió en una gran herramienta de conquista. Como resultado, los cultos que deifican a Morgoth y/o a Sauron son muy comunes. Tanto el Enemigo Negro como el Señor Oscuro son venerados como un dios único o como el principal dios entre numerosos grupos étnicos y dentro de muchos cultos secretos que corrompen las regiones menos sombrías.
Los pueblos poco iluminados o empobrecidos dependen del poder y, en la mayoría de los casos, idolatran la fuerza mágica o física. Naturalmente, como los Grandes Enemigos utilizaron a encantadores incontenidos y abrumadores ejércitos la Oscuridad solía representar el poder. Este hecho, a su vez, le proporcionaba a los hombres el arma de doble filo del miedo y la esperanza, y no es sorprendente que un considerable número de razas acogieran a la Oscuridad. Algunas de las religiones que se crearon de esta forma convirtieron a los dioses locales en servidores de Morgoth; Sauron o abandonaron a sus antiguas deidades completamente, mientras que otras mezclaron sus antiguos ídolos con la personalidad del espíritu conquistador.