La Naturaleza de los Nazgûl
 
 
Se habían quitado las capuchas y los mantos negros y estaban vestidos de blanco y gris.
Las manos pálidas esgrimían espadas desnudas, y llevaban yelmos en las cabezas.
Los ojos fríos relampagueaban, y unas voces terriles increpaban a Frodo".
 
 
Los nazgúl proporcionaban al Señor Oscuro un medio fisico para extender su aborrecible Sombra. Sin embargo, su propio ser sólo permaneció parcialmente corpóreo. Eran livianos y casi invisibles para todos salvo para quienes residían en el mundo de la sombras (es decir, otros muertos vivientas y Sauron) o quienes llevaban un Anillo del Poder. Su contacto con Arda parecía fugaz. Los Espectros del Anillo se manifestaban simultáneamente en dos mundos, pero no aparecían completamente en ninguno de ellos. Manipulaban objetos y se escondían en ropas visibles, pero eran algo completamente diferente al resto de los hombres.
La dualidad de la terrible existencia de los nazgûl es testimonio del horror fomentado por el Señor de los Anillos. Aunque eran más poderosos de lo que lo fueron mientras fueron reyes, los Úlairi fueron siempre los serviciales vasallos de Sauron, espíritus atados para siempre a su ser. Recibieron la inmortalidad, pero perdieron el Don de la Muerte de Eru y sufrieron de forma perpetua, como si muriesen a cada momento. Sus chillidos inspiraban terror y sembraban un miedo que hacía que incluso los más valientes de sus enemigos temblasen, pues le estridencia de sus chillidos sugería su propio dolor interior. Aunque gozaban de unos sentidos aumentados y de la habilidad para ver en la oscuridad, por lo demás estaban virtualmente ciegos. Enormes bestias y ejércitos enteros seguían sus órdenes, pero ellos no confiaban en nada ni tenían amigo alguno. A pesar del hecho de que hasta las hojas más afiladas se rompían al entrar en contacto con su came y de que no sentían ningún temor a entrar en los combates, evitaban siempre los, arroyos y le cálida luz del sol. Ningún tipo de combate desafiante podía hacerles huir, aunque se apartaban de la titilante luz de las llamas y de la gentil llamada de Elbereth (nombre élfico para la Valié Varda, esposa de Manwë). Las aparentemente inocuas intromisiones de la naturaleza les hacían retirarse muy a menudo.
Sin embargo, lo más irónico de todos es el hecho de que, aunque burlaron su destino natural y lograron la vida etema, sus espíritus perdieron la facultad de pervivir tras su muerte. Al aceptar la ofrende del Señor Oscuro, los nazgûl rechazaron inconscientemente la bendición de Eru hacia los Nacidos Después, la recompense de una vida especial tras su fin en Arda. Cambiaron sus almas inmortales por cuerpos inmortales.
 
 
 
 

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