La HISTORIA DEL PUEBLO DE DURIN

 
 
 
 
 
 
 
Las Tribus de los Siete Padres
 
Años después del nacimiento de los Elfos, los Siete Padres de los Enanos despertaron y salieron al mundo junto con sus Siete Tribus. Comenzaron a explorar su nueva tierra, hallando cosas de enorme belleza. Durante esos movimientos errantes, algunas Tribus optaron por asentarse en maravillosos hogares bajo las alturas de la Tierra Media, mientras que otros viajaron en busca de hermosuras aún mayores. Aunque son una raza sin gracia física, los enanos siempre han sabido apreciar los objetos espléndidos y magníficos, y esta pasión les lleva a buscar nuevas riquezas.
De esta forma, los Pueblos siguieron sus propios caminos. Los Siete Reyes Enanos discutieron por el territorio y los senderos que deberían tomar en busca de lugares más hermosos donde residir. De las tres tribus que marcharon hacia el noroeste de Endor, la de Durin I el Inmortal dejó el sendero en las Montañas Nubladas; las demás continuaron hasta las Montañas Azules, más allá de Eriador.
 
La Historia del Pueblo de Durin
 
Durin I fue el Primer Padre de los Enanos y su Casa es la más antigua de las Siete. Por ello, era el primero entre iguales cuando los Pueblos se reunían. Las tres tribus que llegaron al flanco este de las Montañas Nubladas a principios de la Primera Edad siguieron su mandato y avanzaron hasta el valle del Río Celebrant, hacia el Paso del Cuerno Rojo para cruzar la cadena montañosa. Escalando el escarpado abismo, llegaron hasta los frescos estanques de Kibilnala, que alimentaban el río; y acamparon en el valle que rodeaba el lago.
Una mañana Durin se levantó y exploró el valle superior, donde, en un saliente protegido por la roca, yacía un pequeño lago estrecho. A pesar de la dificultad que ello implicaba -y el hecho de que el lago estaba sólo unos cientos de metros por encima de los estanques-, Durin sintió necesidad de refrescarse, y se inclinó para beber agua del lago. La superficie del lago era como el cristal, y su brillo le atrajo. Sin embargo, mientras bajaba sus manos, se detuvo maravillado: el reflejo que lanzaba la superficie acuática era la suya, pero sobre su cabeza aparecía una "Corona de Siete Estrellas".
Durin consideró la visión como un signo de que el valle era el lugar desde el cual podría gobemar su reino. Volvió al campamento y anunció que se quedarían allí. Su hueste se reunió en torno a él, y se enviaron exploradores a las alturas superiores al valle. Hallaron la boca de una caverna en la ladera montañosa, tras la cual se encontraba un vasto complejo de cámaras naturales ricamente dotadas. Durin eligió ese sitio como su hogar y lo llamó Khazad-dûm, la "Mansión de los Enanos".
El Pueblo de Durin se reunió en tomo a su Rey, pero las demás tribus decidieron seguir adelante. Sabían que la riqueza de Khazad-dûm no sería dividida de forma justa, pues no era esa la costumbre enana; ni tampoco se sentían cómodos los Pueblos viviendo los unos entre los otros. Todos salvo el Pueblo de Durin cruzaron el Paso del Cuerno Rojo, abandonando a sus hermanos en el valle sagrado.
 
La Fundación de Khzad-dûm
 
Durin llamó al estanque encantado Kheled-zaram, el "Lago de Cristal"; de ahí el término común de Lago Espejo. Se erigió un obelisco de piedra en el punto en que vio por primera vez la "Corona de Durin" y, hasta el día de hoy, sea la hora que sea y provenga la luz de donde provenga, aún pueden verse las Siete Estrellas en el agua. Pero ninguna cara se verá reflejada en el Lago Espejo.
Como el valle que rodeaba al Lago de Cristal se veía ensombrecido por los tres grandes picos del Monte Nuboso, el Cuerno Rojo y el Cuerno de Plata, se le dio el nombre de Azanulbizar, que significa "Valle del Arroyo Sombrío". Durin consideró tanto el valle como el lago la entrada, y la parte más oriental de su nuevo reino. Los enanos de Durin tallaron entonces unas escaleras de caracol a lo largo de la ladera del Cuemo de Plata para conectar el Valle del Arroyo Sombrío con Khazad-dûm. Se construyó un porche que miraba al este en la cima de la escalinata, y se erigieron dos enormes puertas de acero para proteger las Grandes Puertas (Puerta del Este), la única entrada por entonces hacia los salones enanos.
Con el paso de los años, Khazad-dûm se fue extendiendo más y más al oeste por debajo del Cuerno de Plata. Los soportes naturales de piedra caliza, granito y alabastro fueron esculpidos hasta adoptar la forma de maravillosas columnas, las cámaras y grutas se convirtieron en enormes salones, algunos asimétricos y naturales, otros proporcionados formalmente. Los enanos suavizaron los retorcidos pasajes y los embaldosaron con piedras finamente talladas. Unas majestuosas escalinatas conectaban el complejo, descendiendo hasta las profundidades o elevándose hacia las cimas de los cielos. Los artesanos de Durin crearon alfombras, tapices, estandartes y cortinas doradas para proteger las habitaciones. Joyas y piedras semi-preciosas acentuaron los relieves y se incrustaron realzando enormes fuentes e imponentes estatuas. Los ingenieros enanos contuvieron las salvajes corrientes y cascadas, esculpiendo maravillosos canales de piedra para transportar el agua a los subterráneos más secos. Torres fantásticas y ventanas profundamente excavadas reunían el aire exterior y daban la bienvenida a los rayos del sol y la luna. Muchos matices en mármol negro y cristalina obsidiana adornaban las paredes, y la mansión entera se llenó con la ondulante luz de cientos de lámparas de cristal.
 
Los Enanos de Nogrod y Belegost
 
Mientras el Pueblo de Durin trabajaba para crear Khazad-dûm, las dos tribus que habían seguido hacia adelante a través de las Montañas Nubladas cruzaron las extensiones de Eriador y fundaron sus propias moradas entre los picos de las Ered Luin orientales (S. "Montañas Azules"). Sus excavaciones se convirtieron en las ciudades hermanas de Nogrod y Belegost. No mucho después de su llegada, los enanos de Belegost encontraron a los elfos sindar de la región. Este primer encuentro entre enanos y Primeros Nacidos fue cauto, pero creó un vínculo entre los de Belegost y los elfos grises del rey Thingol. El comercio entre las dos razas floreció y los enanos, a quienes los elfos llamaban Naugrim, o "pueblo menguado", llegaron a ser reconocidos por su dominio de la piedra y el metal. Las forjas de Belegost dieron al mundo la primera cota de malla, y sus artesanos excavaron el refugio de Thingol en Menegroth.
Sin embargo, las relaciones entre los elfos y los enanos de Nogrod no fueron tan amistosas, y su comercio fue limitado. Aunque los herreros de Nogrod eclipsaban a los del norte (incluyendo a los ensalzados Telchar), sus habilidades no podían compensar su frialdad. Los enanos de Nogrod pedían demasiado por sus magníficos trabajos con el acero y codiciaban demasiado muchos de los objetos que poseían los elfos.
Pero las diferencias entre los elfos y los enanos no interfirieron en su alianza contra el Enemigo Negro, Morgoth. Los ejércitos enanos y sus armas resultaron ser un instrumento eficaz en la lucha contra la oscuridad; mucha sangre de Naugrim se derramé en muchas batallas, y su presencia a menudo resultó decisiva. En la Batalla de las Lágrimas Innumerables, el señor enano Azaghâl de Belegost condujo a sus guerreros contra las llamas del ejército de dragones de Morgoth. Endurecidos por los fuegos de la tierra y el calor de sus propias enormes forjas y portando yelmos que les cubrían la cabeza por completo, con máscaras horribles grabadas en sus caras, los enanos resistieron la furiosa embestida de los dragones. Azaghâl se enfrentó a Glaurung, e hirió al Padre de los Dragones, pero la bestia mató al príncipe enano (Azaghâl era el hijo mayor del rey Dwálin). Su valor, sin embargo, inspiró a los inflexibles enanos, que obligaron a huir a sus madrigueras al herido Glaurung y a su descendencia.
 
La Disputa entre Los Enanos y Los Sindar
 
Sin embargo, los enanos no escaparon a la maldad de Morgoth. Algunos sucumbieron a la malicia y la avaricia. De estos, los peores fueron los de Nogrod, los guerreros y herreros enanos que engendraron la eterna ira entre los sindar y los Naugrim
Debido a su dominio absoluto del acero, la piedra y las gemas, los herreros de Nogrod realizaban ocasionalmente trabajos para los señores de los elfos. El collar llamado Nauglamír fue la más grande de tales creaciones.
Elu Thingol, rey de Doriath, poseía uno de los tres Silmarils, que había sido arrebatado a Morgoth por su yerno Beren en compañía de su hija luthien, y quería que la joya fuese engastada en el collar más bello y hermoso que nunca hubiese salido de una forja. Así, contrató a los artesanos de Nogrod, esperando que pudieran modificar su propio y grandioso diseño, porque en aquellos días, algunos de estos herreros trabajaban y residían en habitaciones separadas dentro de la propia mansión de Thingol en Menegroth. Codiciando tan importante Joya, los enanos asesinaron a Thingol y robaron la pieza. Fueron perseguidos, y todos ellos menos dos murieron. Los vengativos sindar recuperaron el Silmaril y lo llevaron de regreso a Menegroth.
Los enanos que escaparon volvieron a su hogar en Nogrod y contaron a sus parientes que sus compañeros habían sido asesinados por órdenes de Thingol. Sin saber la verdad y en contra de los ruegos de cautela por parte de los enanos de Belegost, el ejército de Nogrod se armó y se puso en marcha hacia Menegroth. Aprovechando que Melian la maia había vuelto a su hogar en Valinor para aliviar la pena que sentía por la muerte de su amado esposo, el ejército Naugrim entró sin ser molñestado en Doriath y saquearon el hogar de los elfos en menegroth llevándose el Silmaril con ellos.
Los enanos de Nogrod regresaron rápidamente a su hogar, pero el aviso de sus acciones viajó más rápidamente, y un ejército de elfos, hombres y ents cayó sobre ellos en el vado de Sarn Athrad. Las hachas de los enanos no fueron capaces de detener la colérica venganza de sus perseguidores, y los Naugrim fueron masacrados. Finalmente, el Señor de Nogrod cayó muerto y el Silmaril fue arrojado al río Ascar. Una frágil paz prevaleció, pero desde ese momento en adelante, los enanos y los sindar han estado siempre enemistados.
Años más tarde, el ejército de los Valar derrocó a Morgoth y el noroeste de la Tierra Media se hundió. El desastre cayó sobre sus pueblos mientras la cataclismica Gran Batalla arrasaba gran parte de la tierra. La mayor parte de Beleriand se hundió en el mar; los terremotos y el fuego destruyeron Nogrod y Belegost. Los enanos supervivientes huyeron hacia el oeste hasta Eriador y empezaron a vagar a la deriva. Finalmente, se unieron al Linaje de Durin en Khazad-dûm, llevándoles sus conocimientos memorizados y su eterno odio hacia los Sindar. Su llegada llenó el hogar de Durin y puso a prueba el temple de sus habitantes. Se inició una época de construcción y minería sin igual en los anales de la historia de la raza enana.
 
Los Años Dorados de La Segunda Edad
 
Los limites de Khazad-dûm se ampliaron regularmente al norte y al oeste durante los primeros setecientos cincuenta años de la Segunda Edad. Con martillos y azadones, con ferocidad y fuego, los enanos derribaron cada obstáculo y desenterraron una aparentemente interminable riqueza mineral. Con el paso de los siglos, se llegó a alcanzar la mayoría de la piedra de la parte superior del Cuerno de Plata. En todas partes, los Naugrim cavaban inexorablemente; la roca se esculpía y modelaba como soporte; las cavernas y fisuras se convertían en salas y pasadizos; las venas que permanecían bajo la tierra entregaban metales, tanto preciosos como prácticos. La mansión era grande, pero llegó a ser todavía mayor.
Los elfos también prosperaron durante esta época libre de problemas, pues quienes sobrevivieron a la Caída de Morgoth construyeron nuevos reinos en Lindon (lo que quedaba de Beleriand) y en el oeste de Eriador. Los asentamientos Noldor comenzaron a comprar materias primas al Pueblo de Durin poco después del final de la Primera Edad, y surgieron rutas de comercio. Las caravanas con las mercancías de los enanos salían de las Grandes Puertas de Khazad-dûm y ascendían el sendero de la escalinata que transcurría por el valle del Arroyo Sombrío y por encima del Paso del Cuerno Rojo. Tras descender a las colinas de Eregion, hacían su camino hacia el oeste cruzando las planicies salvajes de Eriador, alcanzando finalmente su destino en las Colinas de la Torre, o en los Puertos Grises. Los elfos pagaban por estos cargamentos con joyas preciosas y bienes elaborados.
Con el tiempo, muchos de los Noldor viajaron hacia el este, hasta las estribaciones occidentales de las Montañas Nubladas, y algunos se establecieron a lo largo de las rutas comerciales de Eregion. Estos elfos vivieron amigablemente junto al Linaje de Durin, pues no existía animosidad entre los Noldor y los Naugrim. El comercio aumentó, promoviendo todavía más la minería enana.
En torno al año 700 S.E., los ingenieros enanos extendieron sus minas de hierro y plata al límite norte del Cuerno de Plata y descubrieron una veta de un metal completamente nuevo. Podía producir aleaciones más resistentes, ligeras y fuertes que el acero, pero era tan maleable como el cobre. Lo llamaron plata verdadera, o mithril (S. "brillo gris") en lengua élfica, porque brillaba y no perdía el brillo o se debilitaba al ser trabajado. Ningún metal poseía la combinación en sus propiedades de fuerza y belleza, y ninguno causó tanta demanda. Los ya ricos enanos de Khazad-dûm se hicieron más ricos todavía.
El descubrimiento del mithril provocó una emigración noldo a Eregion. Vinieron en busca del nuevo material para sus maravillosas artesanías, y vivieron en unas ciudades él-ficas menores, construyendo una gran ciudad en la confluencia de los ríos Sirannon y Glanduin. El mithril entusiasmó a los siempre curiosos Noldor. Las joyas de los Noldor eran preciosas y requerían los mejores materiales. El mithril era una recompensa que no podían ignorar.
Pocas décadas después de encontrar el mithril, el Pueblo de Durin había completado un camino subterráneo por debajo del Cuerno de Plata que conectaba su ciudad con las minas del reino élfico de Eregion. La Puerta del Oeste de Khazad-dûm se abrió, y los bienes que permanecían en los almacenes y forjas de los Noldor no tuvieron que viajar más por la larga ruta sobre el Paso del Cuerno Rojo. Khazad-dúm se extendió por las Montañas Nubladas. Las obras élficas y los objetos enanos fluyeron libremente y la ciudad de los enanos llegó a ser conocida por su cada vez más opulento esplendor. Fue verdaderamente una época dorada.
 
La Emigración de los Elfos de Thranduil
 
A principios del año 800 de la Segunda Edad, apareció una amenaza para la amistad entre el Pueblo de Durin y el pueblo de Eregion. Los Sindar del reino de Lindon, capitaneados por el rey Thranduil, emigraron a las tierras de los Noldor. Partiendo del oeste de Eriador en busca de un nuevo reino, trajeron consigo los antiguos recuerdos del Pesar del Nauglamir, el Saqueo de Menegroth y la Batalla de Sarn Athrad. Como todos los enanos, el Linaje de Durin nunca olvidaba ningún favor o afrenta, ni abandonaban fácilmente ningún rencor bien nutrido, así que los ocho siglos transcurridos desde los sucesos de la Primera Edad no borraron la sospecha y el odio entre Enanos y Sindar.
Los orgullosos Noldor aceptaron cortésmente a la gente de Thranduil, pero la llegada de los sindar simplemente ofendió a los enanos. Los Naugrim redujeron su comercio con Eregion y rehusaron comerciar con los elfos grises. Por primera vez, las disputas con los Noldor llegaron a ser un problema, y las disensiones se extendieron.
Los líderes de Eregion (principalmente Celebrimbor, Galadriel y el sinda Celeborn) creyeron que la armonía había desaparecido y la amenaza para la paz aumentó día a día. Presionaron a Thranduil para que trasladase a su gente fuera de Eregion y buscara un nuevo hogar. Sus palabras tuvieron efecto, y Thranduil convocó un concilio entre los Sindar. Puesto que el pueblo de los elfos grises se sentía subyugado entre los más poderosos Noldor, acordaron partir, y alrededor del año 850 S.E., los sindar cruzaron el Paso del Cuerno Rojo en busca de un territorio que pudieran llamar propio. Finalmente, acabaron viviendo en el norte del Bosque Negro.
Cuando los elfos grises de Thranduil se fueron, las relaciones entre Khazad-dûm y Eregion mejoraron, pero nunca alcanzaron de nuevo un estado de amistad. Los enanos mantuvieron la distancia y, aunque la hostilidad desapareció totalmente, la sospecha y la incertidumbre permanecieron. Las costumbres de los Naugrim normalmente no incluían la cooperación y la concordia, y su propia debilidad traicionó al Pueblo de Durin. A partir de este día, la llegada de Thranduil se recordó como una señal de la fidelidad Noldor. Los enanos no olvidaron los "tiempos oscuros".
 
El Señor de los Dones y los Anillos de Poder
 
En los trescientos cincuenta años que siguieron a la época del éxodo de Thranduil de Eregion, Elfos y Enanos continuaron construyendo sus reinos y comerciando cuidadosamente cuando la necesidad se presentaba. Prevaleció un equilibrio inestable; la paz reinaba. Entonces, Annatar, el desconcertante "Señor de los Dones", apareció en Eregion. Annatar parecía bueno y sabio, y predicaba que, con su ayuda, los Noldor podrían construir una tierra tan bella como cualquiera en cualquier lugar. Sus palabras sedujeron a los elfos, porque amaban su reino y la Tierra Media, pero anhelaban la belleza de las Tierras Imperecederas. Como los enanos, amaban a Aulë y se regocijaban con la creación de objetos de poder y elegancia.
Annatar estaba versado en grandes conocimientos y dio asombrosos presentes a los herreros de Eregion. Las habilidades de los elfos alcanzaron cotas inapreciables y su líder, Celebrimbor, creyó todas y cada una de las palabras del Señor de los Dones. Los seguidores de Galadriel y Celeborn abogaron por la moderación, pero no redujeron los deseos de sus hermanos. La situación acabó con un cisma, y el pueblo de Galadriel decidió dejar Eregion y viajar hasta Lórinand, más tarde llamado Lórien, al este de las Montañas Nubladas. Galadriel solicitó pasar a salvo a través de Khazad-dûm, y a la Dama de la Luz se le permitió conducir a su gente a través de la carretera de los enanos. Mientras tanto, los herreros de Celebrimbor continuaron trabajando atentamente junto a su nuevo maestro, y la prosperidad floreció en Eregion. Los disidentes se habían ido y todo iba bien, salvo por el hecho de que Annatar era realmente Sauron, el Señor Oscuro y el sirviente más sublime del Mal que representaba Morgoth.
Finalmente, Sauron persuadió a los Noldor de Eregion para que creasen los Anillos del Poder, y los herreros trabajaron durante muchos años bajo su guía. Forjaron Nueve Anillos, y luego Siete más. Diez años más tarde, Celebrimbor completó los Tres Anillos Élficos, realizados con sus propias manos, y que poseían un poder aún mayor.
Los Enanos observaron estos nuevos sucesos cuidadosamente y consideraron los temores de Galadriel. No flaqueaban nunca, les desagradaban y temían las cosas que no conocían y experimentaban escaso consuelo con la presencia de Annatar. El rey Durin III, preocupado por los poderosos anillos, mandó enviados a Celebrimbor. El señor de los elfos comprendió las necesidades de su vecino, y deseaba mantener la amistad con los Naugrim. Por eso, dio a Durin III el primero y más importante de los Siete Anillos.
El regalo agradó a Sauron, porque el Oscuro planeaba controlar a todos aquellos que tuvieron los Anillos del Poder y, de esta forma, dominar a todos los Pueblos Libres de la Tierra Media. Durin III era el Rey de Khazad-dûm, el más poderoso de los enanos vivientes, y Sauron estaba sediento de la riqueza del reino del señor de los enanos. El Señor Oscuro se retiró a Mordor para completar la tarea de crear el mayor de los Anillos.
Cerca de una década después de su regreso a la tierra negra, Sauron forjó en secreto el Anillo Unico en los fuegos del Orodruin, el Monte del Destino. Era el Anillo Gobernante, nacido del mismo conocimiento que creó a los otros, y con él, el Oscuro se convirtió en el Señor de los Anillos. Pero cuando se lo colocó en el dedo, Celebrimbor descubrió la situación y acultó los Tres Anillos. Sauron se enfureció, pues sus instrumentos no podían mantener su dominio sobre aquellos que no los llevaran puestos. Aún peor, descubrió que era incapaz de controlar al rey de los enanos, que todavía portaba uno de los Siete. Durin III, como todos los Naugrim, era difícil de apresar y no se sometió a su dominio.
 
La Guerra de Sauron contra los Elfos y el nombre de Moria
 
Nueve décadas pasaron mientras el Señor Oscuro reunía su ejército y se preparaba para la guerra. Entonces, en el año 1693 de la Segunda Edad (S.E.), los ejércitos se precipitaron fuera de Mordor y cruzaron el Anduin, dirigiéndose hacia el oeste. Celebrimbor reaccionó enviando los Tres Anillos hacia la seguridad de Lindon, donde el rey Gil-galad poseía un reino. Los sirvientes de Sauron invadieron Eregion cuatro años más tarde. Tanto los Noldor de Eregion como los Enanos de Khazad-dûm se prepararon para resistir la embestida, pero el terror y la furia del asalto resultó imparable. Los guerreros enanos se negaron a abandonar los protectores confines de su ciudad, mientras que los Noldor luchaban contra los ejércitos del Señor Oscuro a través de los barrancos y las colinas cubiertas de acebos de Eregion. Durante el día, los Noldor resistian las oleadas de despiadados humanos; por la noche, las filas que les acometían estaban formadas por incontables orcos y trolís. Las hordas de Sauron atravesaron y tomaron al asalto la ciudad de Ost-in-Edhil. Buscando refugio para su asediado pueblo, Celebrimbor mandó enviados a Durin III.
El rey de los enanos rehusó abrir la Puerta del Oeste a los elfos, al igual que había denegado los guerreros para la defensa de Eregion. La ruta de fuga estaba cerrada, y los Noldor murieron en medio de una carnicería. Celebrimbor luchó hasta el fin, pero Sauron y sus orcos capturaron, torturaron y ejecutaron al Maestro de los Herreros.El secreto de los Tres Anillos Elficos se fue con él, negándole a Sauron su más ansiada recompensa.
Después de saquear los tesoros y estancias de la Mansión de los orfebres, el Maligno se hizo con seis de los Siete Anillos, y con los Nueve Anillos del Poder. Eregion se convirtió en un yermo, el reino élfico desaparecido para siempre. Los pocos supervivientes huyeron hacia el norte hasta Rhudaur, donde se encontraron con el ejército de socorro que Gil-galad había enviado al mando de Elrond medioelfo. Acosado por la vanguardia de la horda oscura, Elrond fundó el refugio de Imladris, también conocido como Rivendel.
Tras la fútil persecución de Elrond, las fuerzas del Señor Oscuro se volvieron contra un ejército de los enanos deDurin y los elfos de Lórien. La maligna horda venció y alcanzó la Puerta del Oeste de Khazad-dûm, pero, una vez más, las puertas estaban cerradas. El ejército de Sauron dio media vuelta y asoló todo Eriador. Un año más tarde, los peores miedos del Señor de los Anillos se hicieron realidad. Después de cinco años de dilación, un ejército númenóreano desembarcó en los Puertos Grises y colaboró en la afortunada defensa de Lindon. Desde ese momento, los númenóreanos navegaron hacia el sur y anclaron en Lond Daer, en la desembocadura del río Gwathló. A esto siguió una serie de batallas, en las cuales los Altos Hombres de Númenor —aliados con los elfos de Gil-galad de Lindon y los guerreros de Galadriel en Lórien— barrieron a los sirvientes de Sauron de la faz de Eriador. Gracias a esto, la Tierra Media disfrutó de paz durante ciento cuarenta años.
Hay leyendas que dicen que el Anillo del Poder de Durin III le afectó a la hora de ignorar los ruegos de Celebrimbor. Pudieron haber surgido miedos irracionales sobre la división de la riqueza de Khazad-dûm, con o sin la intervención de Sauron. Las historias de los enanos, sin embargo, sostienen que el rey de los enanos actúo por interés de su gente, sabiendo que la defensa de Eregion sería infructuosa y que la ciudad de los enanos estaba demasiado en peligro como para arriesgarse a abrir las puertas. La caótica migración de refugiados elfos podría haber traído la perdición. En cualquier caso, Durin III negó la ayuda cuando se necesitaba, y los elfos nunca le perdonaron ni a él ni a su raza. De ahí en adelante, la mayoría de los elfos sostuvieron un odio prolongado contra el Pueblo de Durin. Sólo los elfos de Lórien, los seguidores de Galadriel, mantuvieron la amistad con los enanos. Los demás llamaron a Khazad-dûm "Moria", el "Abismo Negro".
 
El Destino de Los Siete Anillos
 
Aunque con el final de la Guerra entre los elfos y Sauron terminó una era de confusión, los enanos denominan a todo el resto de la Segunda Edad con el apelativo de los "Años Malditos".
Sauron se retiró a Mordor y lentamente curó sus heridas. A pesar de su reposo, el Maligno alcanzó a los enanos poco después de su retirada de Eriador. La fuerza directa había fallado, así que decidió aplicar otros métodos de control. Agentes portando los seis anillos que quedaban de los Siete Anillos de Poder se acercaron a los reyes enanos hermanos de Durin. Sauron esperaba que los Anillos le permitirían influir en los enanos, pero los Señores de los enanos, como Durin III, no se sometieron a la voluntad del Aborrecido. De nuevo, los khazâd frustraron los planes de los sirvientes de la oscuridad. De esta forma, todos los enanos se ganaron el odio imperecedero del Señor de los Anillos. Sauron se enfureció, y maldijo a toda la raza de los enanos, resolviendo que un destino especial caería sobre los Naugrim.
La maldición resultó ser lenta, insidiosa y efectiva. Los enanos resolvieron impedir que Sauron dominara a las Siete Tribus, pero los Anillos del Poder todavía inflamaban los peores deseos de los reyes de los enanos. Con el tiempo, su fascinación por la artesanía y los objetos preciosos llegó a convertirse en una obsesión que se trocó en una avidez por el oro, la plata y las joyas. La riqueza y el poder se convirtieron en el centro de la vida de los enanos, y aquellos que denegaban a los Naugrim tales riquezas se convertían en sus enemigos. Algunas Tribus cavaron más hondo en la tierra, mientras que otras abandonaban sus hogares en busca de tesoros mayores. Cada vez más, los enanos luchaban con sus vecinos y se peleaban entre ellos mismos, Durante esta época, los señores de los enanos poseían los Anillos hasta la muerte, los necesitaban sobre todas las cosas, porque sin ellos todo parecía pálido y sin valor.
Los enanos estuvieron preocupados durante el resto de los Años Malditos y, con esto, el propósito de Sauron se cumplió. Mientras los elfos y los hombres luchaban contra la Oscuridad de Sauron, los ejércitos de los enanos marchaban hacia remotas tierras en busca de nuevos tesoros. Los sucesos del mundo no tenían importancia para ellos.
Númenor colonizó y conquistó vastas tierras en la Tierra Media sólo para caer presa de las maquinaciones del Oscuro. El continente de los altos hombres se hundió, traicionado por el orgullo y tragado por el Gran Mar de Eru. Pero todos sus hijos Fieles sobrevivieron y construyeron los reinos de Arnor y Gondor en la Tierra Media. Poco después, se aliaron con los elfos y aplastaron al Señor de los Anillos, finalizando de esta forma la Segunda Edad. Gran número de Pueblos Libres perdieron sus hogares y vidas, pero durante todo el tiempo, los orgullosos y feroces enanos acumulaban riquezas y permanecían recluidos en sus protegidas estancias.
 
La Tercera Edad y La Llegada del Balrog
 
Al amanecer la Tercera Edad, Endor estaba de nuevo en paz. Desafortunadamente, sin embargo, la fortuna de los enanos cambió, y una ola de calamidades se cebó sobre los ricos Naugrim. Bestias salvajes, en particular dragones, asediaron y atacaron muchos de los tesoros de los enanos. La codicia les condujo a nuevas disputas familiares, y las tribus se volvieron frecuentemente las unas contra las otras. Uno tras otro, los enanos de las Siete Casas fueron robados, maltratados y obligados a abandonar sus refugios y convertirse en nómadas. Incluso los Anillos del Poder cayeron en desgracia ya que, a mediados de la Tercera Edad, muchos ya se habían perdido. Las llamas de los dragones consumieron algunos; otros simplemente desaparecieron.
Sólo el pueblo de Durin escapó a las aflicciones y privaciones de sus hermanos. Protegidos por las inexpugnables puertas de Mona, trabajaron durante tres milenios, cavando, esculpiendo y fortificando su temible dominio. Los constructores añadieron y fortalecieron las majestuosas escalinatas y elevadas torres; los artesanos labraron suntuosas estancias; los mineros hicieron pozos más al norte y al oeste, y siempre a más profundidad bajo tierra por debajo de los tres picos. La ciudad llegó a comprender siete niveles; las minas se extendían a través de muchos mas.
La familia de Durin amasó riqueza más allá de toda comprensión durante estos largos días en su mayor parte porque poseían la única fuente conocida de mithril en toda la Tierra Media. La demanda de este exquisito metal era alta y, del do a su veta de mithril, Moria se extendió hasta llegar bajo Cuerno Rojo. A cada año que pasaba, el mithril se hacía más difícil de extraer, y por eso mismo, más valioso. Las excavaciones progresaron incesantemente hasta que los enanos desencadenaron un terror que les expulsó fuera de las minas.
Fue en la época de Durin VI cuando los mineros enanos dieron con una fisura natural, un profundo abismo que parecía no tener fin. Dentro se encontraba la horrible criatura que se convertiría en la Perdición de Moria y el Daño Durin. Aquel objeto de horror era un Balrog, un "demonio de poder" que había escapado a la caída de su señor Morgoth en la Primera Edad, huyendo para salvarse. Escondido en 1as profundidades de un abismo, permaneció apartado del mundo durante casi cincuenta y cuatro siglos.
Una vez desenterrado, el Balrog perdió poco el tiempo Se puso en pie, llevando un formidable látigo y una espada llameante tan grande como un hombre. Los mineros enanos primero se quedaron quietos, poseidos por un abyecto terror; pero cuando el demonio de fuego se aproximó, huyeron aterrorizados, sólo para morir en una carnicería como pequeños animales llevados al matadero. Aquellos que sobrevivieron avisaron al rey Durin VI, y una guardia de élite llevó a cabo sucesivas salidas contra el intruso. Este bravo grupo de guerreros impidió que el Balrog entrara en el interior de la ciudad, pero la resistencia les costó la vida a todos. El enemigo de los enanos deshizo sus líneas, matando al rey y despachando a los nobles partidarios en medio de una furiosa conflagración. Cuando el fuego disminuyó, los cuerpos de los enanos yacían esparcidos por toda la Estancia de Baraz.
Náin I sucedió a su padre como rey de Moria, e inmediatamente emprendió la defensa de la ciudad. Los enanos estaban dispuestos a vengar las pérdidas y librar al reino de cruel criatura. Sin embargo, sus robustas defensas y valiente carácter demostraron no ser de ninguna utilidad contra el Balrog, porque la bestia era un maia maligno, un espíritu nacido antes del tiempo y que poseía los dones de las Tierras Imperecederas. Cuando el Demonio del Poder tomó por asalto la ciudad de los enanos a principios del año siguiente (1981 de la Tercera Edad (T.E.)), masacró a Náin I y a su guardia real y aplastó a los defensores. El pueblo de Durin huyó a la Puerta Este de Moria rindiendo la ciudad al cruel legado de Morgoth.
Conducidos por el rey Thráin I, los desplazados enanos vagaron a través del valle del Anduin y Rhovanion durante dieciocho años antes de encontrar un nuevo hogar. Terminaron su largo viaje en Erebor, "Montaña Solitaria", en el nacimiento del río Celduin. En las cavernas evocadoras de las de Moria, los enanos excavaron un nuevo asentamiento y complejo de minas. Erebor proporcionó un lugar ideal, porque era una fortaleza natural y servía como una fuente de hierro y gemas. Además, la familia de Durin estableció rápidamente relaciones comerciales con los cercanos asentamientos de hombres del norte en Valle y en Esgaroth en el Lago Largo. La tribu sobrevivió y floreció, aunque la ciudad de Erebor nunca se aproximó a la belleza o esplendor de Moria.
 
La Historia de Thror
 
Mientras se construía la ciudad de Erebor, la mayoría del Pueblo de Durin vagaba hacia el norte y el este. Muchos de estos enanos aventureros buscaban riquezas semejantes a las de Khazad-dûm y perdieron la esperanza en los filones de la Montaña Solitaria. En lugar de esto, comenzaron a construir minas en las Ered Mithrin (S. "Montañas Grises"), una región rica en plata. Las colonias de los enanos les siguieron pronto, y en 2210 T.E., el rey Thorin I cambió su hogar desde Erebor hasta un lugar en las Montañas Grises.
Otros enanos construyeron minas al este, particularmente en las Colinas de Hierro (S. "Emyn Engrin"). Allí trabajaron en paz durante casi cuatrocientos años. Entonces, en el año 2859 T.E., una gran tragedia cayó sobre las ciudades de los enanos en las Ered Mithrin. Despertados por las constantes excavaciones en las montañas, los dragones vinieron desde el sur, desde el Brezal Marchito de las Montañas Grises, y lo arrasaron todo a su paso. Mataron al rey Dáin y expulsaron a los enanos de sus ciudades construidas en cavernas. Los Naugrim se retiraron de todos los asentamientos en las montañas al final del siguiente año. El rey Thrór se llevó a la mayoría de ellos de regreso a Erebor, pero algunos emigraron a la seguridad de las Colinas de Hierro. Ciento ochenta años más tarde, el dragón Smaug el Dorado voló hacia el sur, hasta la Montaña Solitaria. El gran dragón convirtió Valle en una pila de escombros humeantes y aniquiló todo un ejército de enanos. Los enanos de Erebor huyeron, y todo el Pueblo de Durin se reunió en las Emyn Engrin.
Cansado del mundo y con la esperanza de encontrar un nuevo hogar permanente, el rey Thrór rehusó permanecer en las Colinas de Hierro durante poco más que unos meses. Seguido por un pequeño grupo de seguidores, partió en una expedición de veinte años que le llevó infructuosamente por todos y cada uno de los caminos de Rhovanion. Con las manos vacías, los errantes enanos giraron hacia el sur y llegaron a las Tierras Brunas al suroeste de Eriador en el año 2790 T.E.
Por esta época, Thrór se dio cuenta de que el Anillo de Durin le había urgido para que siguiera adelante en una aventura desesperada, y las indicaciones del Anillo consumían todos sus pensamientos. El rey se preocupaba por la seguridad de su pueblo y entregó el Anillo de los enanos a su hijo más vigoroso, Thráin II. Cuando le pasó el don, habló derrotado por el tiempo y las circunstancias:

"Puede que esto sea elfundamento de una nueva fortuna para ti, aunque parece improbable. Pero se necesita oro para hacer oro." SdlA Apéndices.

Poco después, Thrór abandonó su compañía, llevando a su viejo sirviente Nár como único acompañante.
El segundo viaje de Thrór le llevó al norte, y luego al este sobre el Paso del Cuerno Rojo hasta el Valle del Arroyo Sombrío. Su meta era Moria. Viejo, desesperado y algo enloquecido, el rey esperaba explorar o refundar la ciudad perdida. Al menos, deseaba disfrutar de sus maravillas. Cualesquiera que fuesen sus motivos, Thrór encontró su final allí. Nár comprendió su locura y abandonó la misión, advirtiendo a su amigo, pero el rey perseveró y entró por las abiertas puertas de la Puerta del Este. Fue la última vez que Thrór fue visto con vida.
El viejo Nár se quedó atrás y esperó durante días, hasta que el sonido de cuernos y un griterío salvaje le despertó. Arrastrándose desde su escondite, vio como un cuerpo sin cabeza era arrojado a las escalinatas. Detrás, cara abajo, yacía una cabeza. El aterrorizado enano subió y descubrió que era el cuerpo de Thrór, y que la cabeza había sido ultrajada y marcada con una runa al fuego donde se leía "Azog". De repente, desde la oscuridad de la puerta escuchó la voz del señor de los orcos que había asesinado a su rey. Nár huyó.
 
La Guerra Contra Azog y los Orcos
 
El viejo enano llevó las noticias a Thráin II, y durante siete días, el nuevo rey meditó tristemente en silencio. Después, el señor de los enanos se puso de pie y declaró la guerra para vengar la muerte de su padre. Las palabras de Thráin viajaron por toda la tierra, y le llevó tres años reunir el ejército unido de los enanos. Cuando las huestes se reunieron en el año 1793 T.E., fue la más grande reunión de enanos desde los Días Antiguos.
La Gran Guerra entre los enanos y los orcos, una extraña y sangrienta lucha, se desencadenó por todas las Montañas Nubladas durante seis largos años. Los ejércitos de los enanos saquearon cada madriguera que pudieron encontrar, dirigiéndose siempre hacia el sur al paso de Cirith Gundabad. Un odio enérgico espoleaba a los enanos hacia Moria, el hogar que buscaban tan amargamente. Sin embargo, la progresión fue lenta, ya que la mayoría de las batallas se libraban en las profundidades de la tierra. Tribus enteras eran borradas en refriegas campales, meintras que los enanos perseguían a los orcos supervivientes como animales a través del agreste paisaje de las montañas.
Finalmente, en un día sin sol en la oscuridad del invierno, los enanos alcanzaron el Valle del Arroyo Sombrío y marcharon valle arriba hacia la Puerta del Este de Moria. Cuando se aproximaban, vieron la horda de orcos de Azog en formación sobre las laderas y escalinatas superiores, pero los Naugrim continuaron avanzando hacia adelante con singular ardor. Aguantaron los cánticos y las flechas que les lanzaban con desprecio y cuidadosamente cambiaron de posición pasado el Arroyo Sombrío. Entonces, el ejército de Thráin vislumbró Khazad-dûm y dejó escapar un grito atronador. Aunque les sobrepasaban en número, se precipitaron a la batalla con atrevida ferocidad. Los enanos no escatimaron esfuerzos; con hachas y azadones, martillos y mayales, segaron a los orcos como si fueran trigo y subieron por las laderas hacia las puertas. Las horas pasaban y la lucha continuaba sin disminuir hasta que, en el momento crítico de la derrota de los orcos, un joven llamado Dáin Pie de Hierro cercenó la cabeza de Azog con su hacha roja. Lo que quedaba del ejército orco se dispersó, y los exaltados Naugrim buscaron y encontraron durante horas a la mayoría de ellos. La Batalla de Azanulbizar había terminado. Apenas la mitad de los enanos sobrevivieron, pero la Gran Guerra terminó y la ofensa de Thrór se había limpiado. Pocos orcos quedaron para molestar a los pueblos libres de endor en las décadas posteriores.
A pesar de la victoria los enanos no quisieron entrar en Moria, pues intuían que el gran mal, el Daño de Durin; seguía ocupando el hogar ancestral de la raza y que no poseían la fuerza ni había llegado el momento para recuperar el dominio perdido.
 
La Pérdida del Anillo de Durin
 
Las pérdidas de la guerra convencieron al rey Thráin II de que tenía demasiado pocos guerreros para conservar Moria. Con el Daño de Durin vivo y esperando en el interior, temía otra batalla, así que decidió no entrar en la ciudad. Como la cantidad de cuerpos imposibilitaba un entierro adecuado, los enanos fueron a los bosques y derribaron árboles para hacer piras funerarias. Quemaron a los muertos, reunieron su equipo y se fueron cada uno por su camino, dejando el Valle del Arroyo Sombrío desprovisto de bosque para siempre.
Dáin condujo a muchos de los enanos de regreso a las Colinas de Hierro, pero otros se dispersaron de nuevo. Thráin no pudo reprimir su ansia de ver mundo, y regresó con una compañía a las Tierras Brunas. Poco después, cruzaron Eriador y construyeron un nuevo hogar en la parte oriental de las Montañas Azules, no lejos de los sitios donde antaño se alzaban Nogrod y Belegost. Allí, los enanos hallaron minas de hierro y se fueron multiplicando lentamente.
Desafortunadamente, había poca riqueza en las Ered Luin, y las reflexiones sobre las palabras de Thrór respecto al Anillo y su necesidad de oro llegó a hacer que el rey se obsesionara por el oro. Aunque permaneció en el exilio de las Ered Luin hasta el año 2841 T.E., Thrán II se fue impacientando e inquietando. Sus pensamientos le hicieron llegar a necesitar oro, y decidió regresar a las Estancias de Erebor.
Reuniendo un grupo, el rey se aventuró hacia el este. Poco después de su partida, los aventureros se encontraron con la desgracia. Los lobos siguieron su rastro, y los malignos crebain seguían y vigilaban sus movimientos. Sin embargo, los aventureros tardaron poco tiempo, cruzando Eriador y las Montañas Nubladas a comienzos de otoño y vadeando el Gran Río cuando las hojas comenzaban a caer. Sin embargo, una vez en Rhovanion, su suerte cambió. Los orcos frenaron todos sus intentos de regresar hacia el norte, y las desgracias se multiplicaron. Vagaron durante casi cuatro años hasta que, una oscura y lluviosa noche, buscaron abrigo en los límites del Bosque Negro. Al amanecer, los compañeros de Thráin descubrieron que su jefe había desaparecido.
Los agentes de Sauron condujeron a Thrán ante su Señor Oscuro, que por entonces residía en Dol Guldur. El Maligno lanzó inmediatamente al rey a una húmeda y malsana prisión donde murió cinco años más tarde. Justo antes de su muerte, el señor de los enanos recibió una visita secreta del mago Gandalf el Gris, pero por entonces Sauron ya había recuperado el Anillo de Durin. Así finalizó el largo y noble reinado de Thrán II, la última víctima de la maldición del Anillo. Su hijo Thorin Escudo de Roble fue coronado rey del Pueblo de Durin ese mismo año.
 
Thorin II y la búsqueda de Erebor
 
Thorin II ascendió al trono como un enano en el exilio, sin hogar propio para su linaje ni un Anillo que heredar. Continuó los trabajos de su padre, y los enanos de las Montañas Azules prosperaron, pero nunca olvidó la búsqueda de Thráin para hacer regresar a Erebor al Linaje de Durin. Thorin anhelaba matar a Smaug y reclamar la riqueza robada a su casa.
Los años pasaron, y llegó el momento en que, al regresar de un viaje del este, el rey Thorin se encontró con Gandalf en una posada de Bree. A partir de allí se unieron y, en 2941 T.E., Thorin condujo una compañía compuesta por enanos, Gandalf y el hobbit Bilbo Bolsón de regreso a la Montaña Solitaria. Una vez allí, entraron en Erebor y despertaron a Smaug el Dragón de su inactividad. La enfurecida bestia destruyó los campos de los alrededores, pero una flecha le derribó cuando atacaba la cercana Ciudad del Lago. Desafortunadamente, a la compañía de Thorin no se le pennitió un respiro tras el fallecimiento de Smaug, porque una fuerza de elfos marchó sobre Erebor reclamando los tesoros escondidos del dragón. Bardo, matador del dragón, uno de los hombres de Ciudad del Lago, condujo otro ejército más con una meta similar. Thorin fue asediado en la Montaña Solitaria mientras esperaba la ayuda de los enanos de las Colinas de Hierro.
Al mismo tiempo, un ejército de orcos, lobos y huargos entré en escena. Liderado por Bolg de Gundabad (hijo de Azog), señor de los orcos, luché contra los ejércitos combinados de los Pueblos Libres: los elfos, los hombres de Bardo, la compañía de Thorin y los enanos de Dáin II de las Colinas de Hierro. De esta fonna, en la Batalla de los Cinco Ejércitos, las fuerzas aliadas derrotaron al ejército de Bolg con la ayuda de las Águilas Gigantes y Beorn, el multiforme hombre del norte. Thorin murió a las puertas de Erebor, pero su sueño prevaleció. Dáin II fue coronado rey y el Pueblo de Durin se volvió a concentrar en la Montaña Solitaria.
 
Balín y el Regreso a Moria
 
La Compañía de Thorin incluía a Balin, un enano guerrero que acompañé a Thráin en su última misión. Como todos los enanos que sobrevivieron a la batalla contra Bolg, Balin estaba excitado por la refundación de Erebor, pero su entusiasmo engendró con el tiempo el deseo de buscar la reconstrucción de la Casa de Durin hasta sus últimas consecuencias. Balin deseaba librar a Moria del Balrog.
Tuvo su oportunidad en 2989 T.E., cuando el nuevo reino se había asentado y un gran número de sus enanos estaba dispuesto a seguirle a Khazad-dûm y construir una colonia en las antiguas estancias. Ese mismo año, el grupo de Balin marchó hacia el sur al Valle del Arroyo Sombrío y entró sin oposición por la Puerta del Este. Todo estaba tranquilo dentro de Moria, así que los bien provistos Naugrim comenzaron a restaurar la ciudad. Coronaron a Balin rey de Khazad-dûm.
Poco después de la fundación del reino de Balin, orcos, trolls y otras bestias se reunieron en las profundidades de Moria y atacaron la colonia enana. Los enanos rechazaron el asalto, pero eso fue sólo el comienzo; durante los siguientes cinco años, las bestias malignas hostigaron a los Naugrim y debilitaron sus fuerzas. Insidiosamente, el lazo se estrechó en torno al asentamiento cuando más y más criaturas de la Oscuridad respondían al desafío. Un gran Kraken, el "Guardián del Agua", llegó al río Sirannon y represó su corriente, creando allí una laguna que cerraba la Puerta Oeste de Moria. A cada mes que pasaba, el Pueblo de Balin se retiraba más, hasta que, al final, estuvieron completamente rodeados. Los acosados enanos se vieron sin otro recurso que luchar por una vía de escape. Moviéndose hacia el este, lucharon por llegar hasta la Puerta del Este, pero nunca alcanzaron su meta. Una enorme horda de orcos les encontré justo dentro de la entrada e hicieron retroceder a los Naugrim tras una sangrienta escaramuza. Los orcos hirieron a Balin y los enanos se retiraron hacia el norte, a la santificada Cámara de los Registros (Cámara de Mazarbul). Balin murió mientras los magullados Naugrim se preparaban para la defensa final. Justo cuando un guardia enano sellaba su cripta mortuoria de piedra, la hueste de orcos atacó. Ningún enano sobrevivió. Moria era de nuevo territorio de la Oscuridad.
 
El Final de la Tercera Edad
 
Veinticinco años después de la última resistencia de Balin, durante los últimos meses de la Guerra del Anillo (3019 T.E.), la Comunidad entró en Moria. Portando el Anillo Unico, se propusieron cruzar a través de las Montañas Nubladas en secreto; por eso, eligieron la otrora honorable carretera de los enanos. Su llegada señaló el comienzo de una nueva era en Khazad-dûm.
La historia es bien conocida, porque ha sido registrado por Frodo en el Libro Rojo de la Frontera del Oeste. Desde Eregion, el grupo pasó a través de la Puerta del Oeste de la ciudad. Era invierno, y la falta de lluvias, unida a los largos años que habían pasado sin demasiada humedad, habían hecho que la laguna del Guardián estuviera lo suficientemente baja como para permitirles deslizarse casi sin molestarle. El Guardián les atacó en vano, y la Comunidad escapé a través de las Puertas de Durin.
Aunque oscura y lúgubre, Moria estuvo tranquila durante todo el primer día y medio de viaje de la Comunidad. Sus guardianes no despertaron ante la intrusión hasta que el imprudente hobbit Peregrin Tuk lanzó una piedra al pozo. Dos descansos y muchas horas después, la alarma soné en las profundidades inferiores, y aparecieron los orcos de Moria, conducidos por un gran troll. La Compañía comprendió su situación mientras resistía en la Cámara de los Registros, reviviendo el destino de Balin. Los tambores orcos se movieron con ellos mientras huían hacia el sur, y luego al este, hacia la Puerta del Este. Mientras cruzaban el Puente de Durin se encontraron con el Balrog, y allí Gandalf resistió ante él mientras los demás escapaban por las Grandes Puertas y descendían al Valle del Arroyo Sombrío. El Mago luchó con el Daño de Durin, y entonces el Puente se quebró bajo ellos. Cayeron hasta los más profundos Sótanos Inferiores y lucharon a través de Moria durante diez días antes de que el espíritu del Balrog y el cuerpo de Gandalf perecieran.
Con la muerte del Balrog, los malignos defensores de Moria se volvieron vulnerables. Aun después de la caída de Sauron, el Pueblo de Durin no hizo planes inmediatos para la refundación de la Mansión de los enanos. Dáin II murió a manos de los Orientales ante las puertas de Erebor. Aunque el Linaje sobrevivió a la batalla, la Casa disminuyó de nuevo. El nuevo rey, Thorin II, decidió dar descanso a su pueblo. Creyó que Moria seguía siendo un premio esquivo, que sería ganado cuando el Pueblo de Durin fuera más fuerte. El señor de los enanos juró que, una vez restaurado, Khazad-dûm nunca volvería a ser abandonado.
 
 

 
 

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