Divisiones Geográficas y Familiares Lenguaje Religión
Características Físicas

 
 
LA NATURALEZA DE LOS ELFOS
 
LA CONTINUA BÚSQUEDA DE LA PERFECCIÓN
 
 
 

Antes de entrar en los detalles de la fisiología élfica, quizá sea necesario comentar algunos aspectos de la sociología de esta poderosa raza. y de cómo dichos aspectos son percibidos a veces de forma errónea.

Aunque las nieblas del tiempo pueden llegar en algunos casos a nublar la comprensión de la naturaleza de los Primeros Nacidos, parece claro que durante este período no eran simplemente una colección de seres etéreos que vivían en sociedades utópicas donde no había leyes, estructuras sociales ni otras limitaciones organísticas semejantes. En realidad, parece ser que solamente los elfos Silvanos (y, en algunos casos, algunos grupos de Teleri Moriquendi) deseaban este tipo de existencia, pues vivían generalmente en reinos gobernados por reyes Sindar o eldar, como era típico en las jerarquías élficas. Los Sindar también vivían en reinos, pero eran los Noldor más que ninguna otra de las razas quienes buscaban el orden y la mesura en todas las facetas de sus vidas. Tenían gobiernos (normalmente monarquías) y frecuentemente formaban gremios y hermandades. Las familias tendían a gobernar no sólo reinos, sino también los gremios de forma dinástica.

 

 

 

 

 

 
DIVISIONES GEOGRÁFICAS Y FAMILIARES
 
Había dos clasificaciones diferentes entre los pueblos élficos: la de la situación geográfica y la de la familia o la raza. La tabla anexa a este texto debería ayudar a clarificar la comprensión de estas divisiones.
Los Calaquendi o "Elfos de la Luz" viajaron hasta las Tierras Imperecederas y vieron la Luz de Aman, la luz de los Dos Árboles. Esta clasificación incluye a todos sus descendientes, pues la luz impregnó el mismísimo espíritu de los Primeros Nacidos y dejó en su interior una luz que llevarían consigo para siempre. A veces, podía verse un aura visible alrededor de un elfo de la luz.
Los Moriquendi o "Elfos Oscuros" nunca hicieron el viaje a Aman, o se detuvieron en el camino, sin conseguir llegar a su destino. Aquí aparece una tercera división, pues los Sindar ("Grises"), que viajaron hasta las orillas occidentales de la Tierra Media, se detuvieron allí. Sin embargo, vivieron en Doriath bajo el gobierno de su rey Thingol y de la maia Melian. Así alcanzaron mayor sabiduría y conocimiento que los Moriquendi. aunque no vieron personalmente la Luz de la forma en que lo hicieron los Calaquendi. Estaban en medio; eran los elfos del crepúsculo.
Paralelamente a esta distinción geográfica está la de la raza. Todos los Vanyar, Noldor y Teleri fueron considerados Eldar o "Pueblo de las Estrellas", aunque algunos de los grupos Teleri no completaron el viaje (como los Sindar o los Nandor). Los elfos que no eran Eldar eran, por definición, Silvanos.
Para poder entender de un modo más claro las divisiones raciales/familiares de los Elfos haz click aquí.
 
LENGUAJE
 
Cuando los Primeros Nacidos despertaron en las orillas de Cuiviénen, con ellos despertó el lenguaje en la Tierra Media. Fueron los elfos —o, más apropiadamente, los Quendi, como se autodenominaban— quienes enseñaron el lenguaje a todas las demás criaturas, cada una a su manera. Cuando los Eldar fueron hacia el oeste, sin embargo, se encontraron con la lengua valinoreana de Aman, y la adaptaron como propia. En realidad, este hecho podría haber ocurrido en cuanto Ingwë, Elwë y Finwë volvieron de Aman con el Vala Oromë.
Este idioma se convirtió en la lengua pura del quenya. Las numerosas tribus silvanas que permanecían aún en la Tierra Media, pese a verse influidas inicialmente por el quenya, se separaron y cambiaron con los hechos del mundo, y la lengua élfica original se fue fracturando y haciendo más rústica conforme se dividía en miríadas de dialectos.
En la Segunda y Tercera Edad, la lengua silvana y la eldarín se habían vuelto tan diferentes que no tenían nada en común. Allí donde los elfos Silvanos vivían con los Sindar o con los Noldor, aprendían invariablemente el Sindarín y lo utilizaban, salvo cuando estaban únicamente entre gente de su propio pueblo. Los elfos Silvanos de Lórien, por ejemplo, hablaban Sindarín con un fuerte acento, nacido de sus orígenes en el Bosque Verde.
Los Sindar conocían el quenya, pero lo adaptaron a su propio uso, creando un lenguaje menos formal y más práctico para la escritura y la conversación cotidiana, un lenguaje que sería conocido como el Sindarín. Thingol, su rey, prohibió el uso del quenya entre su pueblo tras la Matanza de Hermanos, y con el paso de los años, incluso los Noldor comenzaron a utilizar el Sindarín como su lengua más común. reservando el quenya como lenguaje formal y ritual.
Las tengwar fueron las primeras letras escritas que se inventaron, creadas por el poeta Noldorin Rúmil de Tirion. La versión pura de las tengwar sólo fue conocida y utilizada en las Tierras Imperecederas. Fëanor adaptó y revisó posteriormente este alfabeto. y las tengwar feanoranas tuvieron un uso mucho más común. tanto en las Tierras Imperecederas como en la Tierra Media. Ambos alfabetos escritos eran cursivos, lo que significa que estaban diseñados para estar unidos, escritos en trazos fluidos como si se hiciera con un bolígrafo. No eran muy prácticas para las tallas, pero los Grandes Herreros de Eregion —y el mismo Sauron— aceptaron el desafio. La inscripción de Sauron en el interior del Anillo Único estaba tallada en tengwar cursivas.
Mucho más tarde, el bardo Sindarín Daeron inventó las runas llamadas Certhas Daeron ("Cirth" o "letras" de Daeron). Estas eran mucho más angulares y aptas para el trabajo en piedra. Los enanos de Moria amaban particularmente este estilo de escritura, y lo adaptaron como propio.
 
RELIGIÓN
 
La religión en un sentido organizado era desconocida para los elfos, especialmente para los Eldar, que conocían a los Valar más como estimados y reverenciados maestros que como verdaderas deidades. Virtualmente, todos los elfos adoraban a Eru Ilúvatar ("El Único") como el creador de todas las cosas: la tierra, los Valar, los Elfos y los Hombres. Los Enanos creados por Aulë eran diferentes. De este modo, se consideraban al mismo nivel, aunque quizás algo diferentes, del resto de los seres.
La adoración a Eru era informal, no obstante, y no incluía ningún templo específico ni otra estructura más elaborada que un jardín abierto. Los elfos adoraban a Eru por la belleza de su creación. Celebraban la luz de las estrellas o el sonido del agua que cae, la dulzura del fruto y el brillo de las gemas de las profundidades de la tierra. Con sus canciones se regocijaban ante la magnificiencia de Eä, pues la música era la Esencia de Arda.
Esto no significa que las sociedades élficas estuvieran totalmente carentes de todo ritual. En un mundo donde los juramentos no eran simples promesas vacías sino llamadas a los mismos valar, el ritual jugaba un papel muy importante. Con canciones y cánticos, los elfos manejaban la Esencia, tejiendo sortilegios de gran poder y sutileza. Dentro de los gremios y otros grupos existían gran número de ceremonias, y entre los Noldor, las formalidades sociales eran a menudo respetadas con riguroso celo.
Las comunidades élficas, como toda comunidad, requerían apoyo económico; como se ha mencionado anteriormente, no existían comunidades idílicas donde no se necesitase trabajar. Los elfos cuidaban jardines, minas, construían, cocinaban y generalmente trabajaban del mismo modo en que lo hacían los mortales en sus sociedades. Sin embargo, bien es verdad que los elfos poseían capacidades mentales diferentes, y que ni siquiera la más odiosa de las labores les molestaba en absoluto. Este hecho era debido quizá a su habilidad para "caminar como si estuvieran soñando" que les dio reputación de poco cuidadosos y responsables.
 
CARACTERÍSTICAS FÍSICAS
 
Aunque básicamente son similares a los hombres mortales en apariencia y en muchos aspectos, los elfos tienen con ellos algunas diferencias sutiles aunque importantes.
Como raza, eran mas altos que la mayoría de los humanos (salvo los altos Edain), aunque en general tendían a ser más ligeros de complexión. Los varones solían medir entre 1,80 y 2,10 metros y pesaban entre 80 y 125 kilos respectivamente. Las mujeres de los elfos medían normalmente entre 1,78 y 1,86, y también eran esbeltas. Aunque algunos de los miembros de esta raza podrían haber parecido frágiles, los elfos eran generalmente tan fuertes como cualquier guerrero humano. En realidad, los Señores Eldar eran terriblemente musculosos, y físicamente figuraban entre los individuos más poderosos de toda la Tierra Media.
Los elfos poseían menos vello corporal que los humanos, y los elfos de sexo masculino normalmente carecían de vello facial. Eran enormemente resistentes a las temperaturas extremas naturales, tanto frío como calor, y llevaban sus ropas como decoración, camuflaje o, quizás, modestia. Con sus finos y perfectos rasgos y su piel inmaculada, los elfos eran mucho más atractivos en apariencia que sus hermanos humanos.
Sus sentidos eran extremadamente agudos, especialmente la vista y el oído. Los elfos eran capaces de ver, en una noche clara bajo la luz de las estrellas, tan bien como si estuvieran a plena luz del día. En lo que un hombre consideraría "oscuridad absoluta", un elfo podría ver a algunos metros por delante suyo. Algunos de los elfos, los eldar, podían oir las mentes de los demás sin necesidad de hablar, y todos los elfos podían oír sonidos que los humanos no podían percibir.

Los elfos no necesitaban dormir para hacer descansar sus cuerpos de la forma en que lo hacían los humanos y los enanos; en su lugar, durante algunas horas cada noche, entraban en una especie de trance. un sueño despierto durante el cual meditaban sobre la belleza de Eä o en el cual recordaban tiempos más felices anteriores en sus largas vidas. Gimli el Enano hizo la siguiente observación mientras la Compañía abandonaba Lórien:

"Quizá los elfos vean las cosas de otro modo. En verdad he oído que para ellos la memoria se parece al mundo de la vigilia más que al de los sueños. No es así para los enanos"

(SdlA I pág.523)

 

Quizá más importante es el hecho de que los elfos no crecían ni envejecían, y sus cuerpos eran inmunes a todas las enfermedades e infecciones. Eran virtualmente inmortales, salvo que fueran muertos en combate. Caso de que un elfo muriera, su alma sería transportada a los Salones de Mandos en Valinor, donde, tras un periodo de espera, su cuerpo se reencarnaría y sería libre de vivir en las Tierras Imperecederas, aunque se le prohibiría volver a la Tierra Media hasta el fin del mundo.
Los elfos sanaban rápidamente y no mostraban cicatrices, aunque no podían regenerar órganos seriamente dañados o partes del cuerpo. Sus cuerpos maduraban durante una adolescencia ligeramente más larga que la de los mortales, y una vez llegados a la madurez total, el proceso de envejecimiento se detenía. Sólo en las profundidades de sus ojos podría quizás verse un resquicio de la verdadera edad de uno de los grandes elfos, aquellos elfos sobre los que descansa todo el peso de la Tierra Media. Los miembros de las razas menores, incluso después de miles de años, parecían jóvenes descuidados y hermosos.

La más sutil de todas las características de los elfos era el aura que bañaba a todos los Calaquendi. Los que habían visto la Luz de los Dos Árboles en Aman llevaban con ellos un reflejo de aquel esplendor, como un resplandor posterior a la primera iluminación, ahora oscurecida para siempre por el mal de Morgoth. Este aura debía ser necesariamente obvia, pero los seres menores de la Tierra Media podían sentirla, como un brillo danzarín en el limite de su visión.

 
 
 
 
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