LA HISTORIA DE LA TIERRA MEDIA
 
 
LA PRIMERA EDAD III
 
De la Muerte de Fingolfin a La Guerra de la Cólera
 
 
     
     
     
     
     
 
 
   
 
 
 
La Muerte de Fingolfin
 
El furioso Alto Noldo, desolado por las horribles pérdidas y por la magnitud de la derrota sufrida en la Dagor Bragollach, cabalgó sólo hasta los muros de Angband, y frenó en las puertas de la capital oscura. Allí, desafió a Morgoth en un combate cuerpo a cuerpo. El vala caído salió de mala gana y luchó contra Fingolfin en el mayor duelo que ha habido en toda la historia de la Tierra Media. Herido leve siete veces y de gravedad en la pierna y avergonzado por el éxito de su enemigo, Morgoth asesinó a Fingolfin utilizando a Grond, la maza encantada.
El desenlace de semejante duelo entre un valá y un elfo, por muy importante que fuera éste, sólo podía tener ese desenlace; pero para Morgoth tuvo secuelas importantes, ya que sus heridas nunca curaron del todo.
En los meses que siguieron, los ejércitos de la Oscuridad tuvieron refriegas con los elfos supervivientes, pero el mayor peligro había pasado. El orgulloso sacrificio de Fingolfin calmó temporalmente la cólera de Morgoth y permitió a sus hermanos recuperar sus fuerzas.
 
La Llegada de Los Hombres a Beleriand
 
Durante las guerras contra el Enemigo Negro, pocos siglos después de la muerte de Fëanor, Finrod se encontró con los edain. Ése fue el primer encuentro entre Elfos y Hombres en el oeste.
Impresionado por su inocencia, su ignorancia y su amor por la vida, trabó amistad con ellos y los instruyó. Este fue el inicio de una larga y maravillosa amistad entre adan y elfo.
Llegado un momento, tres linajes de hombres vivieron entre los elfos y se mezclaron con los Primeros Nacidos. Su fuerza sería necesaria en los siguientes años y es que de esta unión entre las razas provendría la salvación para los Noldor en el exilio.
 
La Búsqueda del Silmaril: La Leyenda de Beren y Luthien
 
Un hombre, Beren, hijo de Barahir, ejemplifica el espíritu de los Segundos Nacidos.
Padre e hijo luchaban contra los ejércitos de Morgoth en la frontera norte; en las altas tierras de la meseta de Dorthonion, junto a su padre y a otros compañeros. Con los meses causó tanto daño a las tropas de Morgoth que éste envió a Sauron con varios ejércitos para acabar con ellos.
La táctica tuvo éxito y Beren fue expulsado de Dorthonion como único superviviente. Deambulando de un lado a otro se internó en los bosque de Doriath y gracias a los poderes del anillo de su padre sobrepasó la Cintura de Melián. En los bosques contempló y cayó enamorado de la terriblemente bella Lúthien, hija del rey Elwë y de la maia Melian. Elwë no aprobaba este amor, de forma que le dio a Beren una búsqueda que completar. Para obtener el permiso para casarse con Lúthien, Beren debía conseguir un Silmaril. Así se cerró el destino de este reino y de sus monarcas.
Beren buscó ayuda en esta formidable aventura, pues los Silmarils descansaban en la Corona de Hierro de Morgoth, y su recuperación era poco menos que imposible. Uniéndose al noldo Finrod, que debía al padre de Beren un favor, pues le había salvado loa vida tiempo atrás y que también ansiaba los Silmarils por el juramente de Fëanor, Beren y un pequeño grupo se dirigieron hacia el norte hasta Angband. Sin embargo, su viaje acabó rápidamente cuando el maia Sauron, lugarteniente de Morgoth, emboscó a la banda y les aprisionó.
Con la ayuda de Huan -el sabueso de Valinor que había acompañado a Celegorm al exilio en Arda- Lúthien rescató a su amado, pero la llegada de la hija de Elwë no pudo impedir que uno de los licántropos de Sauron acabase con la vida de Finrod Felagund, que tuvo un triste final.
El Duelo siguiente de canciones de poder entre Luthien y Sauron fue claramente vencido por la elfa, que destruyó el poder de Sauron para lo que quedaba de Primera Edad. Además destruyó la torre y liberó a cientos de prisioneros.
Una vez liberados, los amantes y Huan se dirigieron hacia el norte y entraron en Thangorodrim. Camuflados bajo poderosos hechizos Beren se convirtió en un lobo y Lúthien en murciélago, pero la mirada de Morgoth anuló el hachizo. Allí en la sala del trono oscuro dijo quien era y entonó un canción a la vez que ejecutaba un baile. La encantadora canción de Lúthien hizo dormirse a Morgoth, lo que permitió a Beren apoderarse de un Silmaril antes de que se vieran obligados a huir. Pero la codicia pudo más y Beren intentó quedarse con todos ellos; y al intentar quitar el segundo, una esquirla del arma de Beren alcanzó al valá caído en la cara y le hizo comenzar a recobrar la consciencia perdida. Los amantes tuvieron que huir a toda prisa de Angbad.
Desafortunadamente, su huida se vio obstaculizada por Carcharoth, el maléfico lobo de guerra del Enemigo Negro, que siempre dormía en las puertas de Angbad, porque Morgoth, a pesar de todo su poder, era el único de entre los poderosos de Arda que conocía el significado de las palabras miedo y dolor.
Al encontrarse con los ladrones en la puerta exterior ya estaba recuperado del sueño mágico que Luthien había lanzado entorno suya y alimentado por el odio se abalanzó para matar a los dos fugitivos, mordió la mano de Beren, arrancándola de cuajo y se tragó la joya robada. Este acto le salvó la vida, pues la bestia se vio consumida por el fuego del Silmaril, y enloqueció.
Lúthien, Beren y Huan escaparon sobre las alas de las águilas de Thorondor, que siempre vigilaban las andanzas de Morgoth por encargo de Manwë.
Resulta extraño, pero el Destino había dictado que Beren moriría a manos de Carcharoth, y que en el proceso recuperaría la joya perdida. El héroe y el lobo-demonio se encontraron más al sur, porque las águilas los devolvieron a Doriath y allí Elwë comprendió la grandeza de Beren y la soberbia de sus palabras y ya no se opuso al amor de su hija. Pero el gran lobo deambulaba por toda Beleriand llevando la ruinba porque el fuego del Silmaril lo consumía y al final se internó en Doriath y se organizó una gran cacería. Allí Carcharoth hirió mortalmente a Beren y mató a Huan, pero fue asimismo muerto por el sabueso.
El Silmaril fue recuperado, pero a un precio terrible. Lúthien se lamentó mientras el moribundo Beren completaba su búsqueda y le entregada la joya maldita a su padre. Con el corazón destrozado, ella se presentó en los salones de Mandos en valinor para reclamar una nueva oportunidad para sus esposo a cambio de su inmortalidad.
Tanto a ella como a su amante se les dio una segunda oportunidad para vivir a cambio de su inmortalidad, y el Silmaril de Beren pasó a lo largo de todo su linaje hasta su nieta Elwing.
 
La Quinta Batalla o La Batalla de Las Lágrimas Innumerables (S. Nirnaeth Arnoediad)
 
Menos de dos décadas después de la Cuarta Batalla, los Elfos tomaron la ofensiva bajo la Unión de Maedhros, el hijo mayor de Fëanor; que teniendo noticia de la hazaña de Beren y Luthien creía en la vulnerabilidad de Morgoth. Los ejércitos reunidos incluían a Noldor y Hombres, así como a un pequeño contingente de Sindar procedentes de Falas y a un nutrido grupo de Enanos de Belegost. Marchando en dos grupos, la Unión esperaba unirse en la llanura de Ard-galen, frente a Dorthonion y asaltar Thangorodrim en una matanza intrépida.

Sin embargo, la traición desbarató sus planes, pues los espías de Morgoth delataron a la columna oriental de Maedhros y la mayoría de las tribus de hombres orientales que los servían se volvieron contra los Elfos y sus aliados.
Mientras tanto, la vanguardia del ejército occidental al mando del rey supremo Fingon, hijo de Fingolfin, marchaba hacia una trampa que acabaría con todos sus ejércitos. Incluso la llegada de Turgon con varias decenas de miles de su hombres no pudo impedir el desastre para la hueste noldorín. Sin flanco oriental, toda la furia de las tropas de Morgoth se lanzaron contra Fingon y su gente, arrasándolos.
Turgon se retiró detrás de una pantalla que le proporcionaron los Edain, sin saber que las fuerzas de Maedhros habían sido rodeadas no muy lejos al este. Finalmente, la Hueste Maléfica barrió todos los territorios septentrionales salvo la oculta ciudad noldo de Gondolin.
El pueblo de Turgon puso a punto sus defensas y permaneció oculto, acomodándose a la bendición que Ulmo había colocado sobre la ciudad largo tiempo antes. Estaban rodeados, y sabían que su fin se aproximaba lentamente.

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La Caída de Gondolin
 
Gondolin se acurrucaba en un valle montañoso circular que era desconocido para todos salvo para sus residentes. Sin embargo, estaba destinada a perecer, y Morgoth finalmente consiguió noticias sobre su situación aproximada.
La traición de Maeglin, sobrino del Rey Turgon, consiguió en un momento lo que Morgoth no había logrado en siglos de espionaje. Varios años estuvo aprontando sus ejércitos de orcos y balrogs hasta que decidió lanzarlos contra la Ciudad Escondida.
Los ejércitos del Señor Oscuro cerraron todas las vías de salida que tenía la ciudad. La Profecía de los Valar volvió a cumplirse mientras los Noldor se enfrentaban contra las hordas de Melkor.
Grandes hechos de valentía acompañaron la caída de la ciudad. De entre ellos destacó el combate entre el alto capitán de Angbad, Gothmog, Señor de los Balrogs; y el noldo Ecthelion de la Fuente. Ambos se diron muerte el uno al otro durante la defensa de la Torre de Turgon. También destacó el sacrificio de Glorfindel, Señor de la Casa de La Flor Dorada, para facilitar la huida de los supervivientes.
Sin embargo, algunos escaparon, incluyendo al humano Tuor y a su hijo Eärendil. Su huida los llevó hacia el sur, hasta los Puertos de Sirion en las tierras de los sindar. Allí vivieron en una paz inestable, desesperados ante la inminente victoria del Enemigo Negro.

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El Viaje de Eärendil
 
De todos los valar, Ulmo era el que más preocupado estaba por los hechos que tuvieron lugar durante estos años, y el Señor de los Océanos era claramente consciente de que los Eldar de Endor se enfrentaban a la exterminación. La piedad movió su espíritu normalmente recluido. Viajando a Valinor, apeló a Manwë para que perdonara a los Noldor e intercediera contra su díscolo hermano.
Tuor envejeció en los Puertos y se enamoró del mar, como un elfo. Con el tiempo, zarpó con su mujer noldo Idril, dirigiéndose hacia el oeste a Aman a pesar de su mortalidad. Su destino no es conocido, pero algunas leyendas dicen que su espíritu es la única alma de los Nacidos Después convertida en uno de los Inmortales.
El hijo de Tuor, Eärendil, se convirtió en señor en su ausencia, pero no pasó mucho tiempo antes de que también él partiera navegando en busca de sus padres. Hasta el momento en que sus sueños le llamaron desde su casa, su búsqueda había sido dura e inútil. Al ver que, en los Puertos de Sirion, su amor Elwing se hallaba en peligro, se apresuró a volver a casa. Pero llegó demasiado tarde.
Mientras Eärendil viajaba por el Gran Mar, dos de los hijos de Fëanor atacaron los Puertos de Sirion y arrasaron los restos del pequeño reino sinda de Falas. El motivo de esta deleznable acción no era otro que la búsqueda del Silmaril guardado por Elwing.
El peso del Juramento de Fëanor y su orgullo noldo les condujo a asesinar a sus hermanos Eldar, al igual que su padre había caído sobre los Teleri. Su asalto destruyó la ciudad que los refugiados de todos los antigüos reinos Noldor y Sindar habían edificado con tanto esfuerzo.
Los Noldor capturaron a los hijos de EärendilElrond y Elros— y obligaron a Elwing a lanzarse al océano, esperando nada más que una muerte horrible.
Pero Ulmo, único de entre sus hermanos que nunca les dió la espalda totalmente a los exilidos, rescató a Elwing y la reunió junto a Eärendil, pero la tristeza por la pérdida de sus hijos era profunda. Aunque Maglor cuidaría bien de ellos, Eärendil no tendría herederos. Y así, con el Silmaril de Elwing sobre su frente, volvió a embarcar en su navío y partió hacia Valinor.

El viajero humano llegó a Aman y entró en Valinor en nombre de todos los Hijos de Eru.
Tras obtener el permiso para ver a los valar, pidió perdón y ayuda en la lucha contra Morgoth en nombre de las dos razas: la elfa y la humana. Los Poderes cedieron, y dieron su viaje por concluido.
Fue entonces cuando Mandos preguntó por la situación que tendría el marinero, pues había entrado en Aman como un mortal. Pero Ulmo afirmó que el Destino le daba a Eärendil el derecho a elegir el destino de sus espíritus, y le daba a escoger entre ser o no ser mortal. Así, tanto Elwing como él escogieron la inmortalidad, como hizo también su hijo Elrond cuando le tocó a él la elección.
A continuación, los valar tomaron su gran bajel y lo consagraron para el gran marinero, y Eärendil navegó a través de las Puertas de la Noche hasta el cielo, donde el Silmaril brilló como una estrella.

 

La Gran Batalla o La Guerra de La Cólera
 
Con la partida de Eärendil, la Hueste de Valinor se reunió una vez más contra Morgoth. El Heraldo de Manwë, Eönwë, fue el escogido para liderar a un ejército maia como nunca se ha visto igual. Truenos y relámpagos acompañaron su dramática partida hacia el noroeste de la Tierra Media. Nada pudo resistir su poderío mientras aplastaban totalmente a las poderosas hordas de Morgoth en la Gran Batalla. Incontables miles de orcos, trolls y hombres cayeron ante la cólera del ejército de los Valar.
En la cúspide de esta matanza, que hizo tambalear las mismas raíces de Endor, Eärendil bajó en su barco entre una nube de pájaros. Las Grandes Aguilas lucharon contra losdragones mientras los Maiar se enfrentaban a los flamígeros Balrogs por debajo suyo. Ancalagon el Negro, el más poderoso de los Dragones de Morgoth, se elevó por encima de Thangorodrim, y así llegó el clímax de la Guerra de la Cólera. Atacando a Thorondor, el negro dragón esperaba cambiar el destino de la batalla, pero Eärendil mató a la bestia alada. Ancalagon cayó y destrozó las crestas de los altos picos de Thangorodrim.
A continuación siguieron terremotos, y gran parte de la tierra fue destruida en el cataclismo. Casi toda Beleriand se hundió bajo las grandes olas, causadas por las crecidas provocadas por la caída de las Dos Lámparas. El mundo fue reformado mientras la Primera Edad pasaba a la historia.
Morgoth se rindió ante Eönwë, y su Corona de Hierro fue convertida en unos grilletes. Encadenado por su tesoro, el Enemigo Negro fue lanzado al Vacío. Aquellos de sus seguidores que sobrevivieron huyeron, aunque algunos, como Sauron, fueron capturados. Eönwë presenció su sumisión, y lo entregó a los Maiar para que lo juzgaran en Valinor sus hermanos en el Anillo del Destino. Sauron escapó, incapaz su orgullo de admitir la cocesión de su perdón. Pero la paz permaneció desde entonces. Los valar habían acabado con la larga rebelión de su temido hermano, y el Mundo entraba en una nueva era.
La historia de los Silmarils también acaba aquí.
Maedhros y Maglor, los dos únicos hijos de Fëanor que habían sobrevido a todos los acontecimientos aunaron un último esfuerzo y robaron los dos Silmarils que Eönwë había arrebatado de la corona de Morgoth cuando éste se había rendido. Una vez descubierta la fechoría, Eönwë impidió que fueran linchados por sus tropas y se ofreció a acompañarlos a Valinor donde serían examinadas sus acciones por parte de los Poderes de Arda.
Sabiendose culpables, los dos hermanos huyeron a la intemperie y el cataclismo que se tragaba Beleriand por momentos. Ciertamente el destino de cada Silmaril era fundirse con cada uno de los elementos básicos de la vida, ya que de ellos provenía su naturaleza única.
Maglor no pudo resistir el dolor que le causaba la ardiente gema en sus manos y terminó arrojándola a los océanos que rodean Endor. Una vez hecho esto, deambuló sin destino por la Tierra Media meditando todo el daño sufrido en infligido por un ideal que no trajo nada bueno al mundo. Su hermano Maedhros tampoco pudo aguantar el dolor que le inflingía la joya encantada que ytransportaba y se arrojó a una de las fosas llameantes que convulsionaban la faz de Beleriand.
Así se cerraba el destino de los tres Silmarils y con él la Primera Edad del Mundo.
 
 
 
 
   
       
Historia de La Tierra Media
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