Breve Historia de Los Hombres
 
 
 
 
 
 
 
 
Arda y La Primera Salida del Sol
 

Durante el Año sin Sol que siguió a la muerte de los Dos Arboles de Valinor sólo Ulmo, señor de las aguas, mantuvo una vigilancia sobre la Tierra Media. Recogía noticias desde las aguas de los océanos que envolvían Endor y que corrían a través y por debajo de sus tierras. Este conocimiento llegaba a Aman y a los otros Valar, pero sus pensamientos se apartaron de la Tierra Media.

Cuando el Sol cruzó por primera vez los cielos de la Tierra Media, los Valar residían en Aman, por detrás de las escarpadas murallas montañosas de las Pélori. Protegían sus tierras de los estragos de su hermano caído, Melkor. Dejando una guardia que nunca descansaba en Calacirya, el único paso sin bloquear hacia Aman, cerrandon así las Tierras Imperecederas a todos.
Los Poderes a los que se había confiado la protección de Arda abandonaron su misión, mientras el Enemigo Negro extendía su terror por toda la Tierra Media. Los exiliados príncipes noldor era el único obstáculo que se interponía para evitar su victoria. Había pocas esperanzas cuando el sol salió por primera vez.
 
El Nacimiento de Los Hombres
 
Fue entonces cuando despertó la raza humana. Reunidos en Hildórien (Q. "Tierra de los Seguidores"), bajo la cara oriental de las Montañas del Viento y junto a las frías aguas del Mar Circundante, se levantaron de su corto sueño. Ningún vala o elfo contempló su despertar, pues su llegada era pensamiento y placer para Eru. Sonrió a sus Hijos Menores, en solitario y lleno de gozo, sabiendo que su nacimiento traería nuevas esperanzas. Los hombres marcaban un nuevo inicio que no estaba atado al destino que sonó en la Canción de la Creación, sino únicamente atado al Suyo.
A medida que el Sol viajaba hacia el oeste, la mayoría de los hombres dirigieron sus miradas tierra adentro y siguieron la estela del astro diurno. Fueron hacia el oeste a través de los grandes pasos al norte y al sur de las Orosúli, siguiendo incontables caminos y senderos a través de los bosques, por encima de las colinas y sobre las praderas del este de Endor. Sus tribus se desplazaron, se multiplicaron y se establecieron, entrando a formar parte de la Tierra Media.
Ningún vala vino para guiar a los hombres desde Hildórien, como hizo Oromë con los Eldar. Los Poderes nunca llamaron a los Nacidos Después a Valinor, pues éstos no los conocían todavía. Los hombres caminaron en solitario. En adelante, la mayor parte de los hombres nunca llegó a conocer la verdadera naturaleza de los Valar, y jamás compartieron el cerrado vínculo que unía a los Eldar con los Señores de Aman. Así como los hombres se escondieron inicialmente de los Ainur, también los Poderes permanecieron más allá del conocimiento de los Nacidos Después, y quienes se llegaron a encontrar con los actos de los Poderes sospecharon de sus propósitos y temieron su presencia.
Sin embargo, Ulmo se preocupó por los Hijos Menores e intentó guiar el consejo y la comprensión de su Rey, Manwë. El Señor de los Océanos también habló a los hombres, conversando con su corazón mediante las aguas, tanto en los arroyos y ríos como en los mares. Aun así, antes de que los Nacidos Después se encontraran con los elfos, apenas podían comprender la voz de Ulmo, o bien distinguir su apasionado mensaje.
 
Los Encuentros con Los Elfos y La Primera Separación
 

Era inevitable que los hombres hallaran a los Quendi, pues los elfos vivían extendidos por toda la Tierra Media, y numerosos grupos de avari (Q. "Renuentes ") que no siguieron la gran migración de su puelo residían en el este. Los hombres estaban asombrados ante los Primeros Nacidos, que se parecían mucho a ellos pero que poseían una gran cultura y hablaban con palabras en lugar de comunicarse mediante simples gestos. Aunque inicialmente rehuyeron a los Quendi al conocerlos, muchos de los Hijos Menores descubrieron y llegaron a dominar la lengua hablada, y algunos de los hombres incluso trabaron amistad con sus maestros.

Los hombres salvajes, por el contrario, huyeron de los Primeros Nacidos y lucharon contra sus hermanos. Morgoth, atento a todo lo que sucedía en Eä, salió del cerco ql que lo sometían los Noldor para ir al encuentro de los Segundos Nacidos para corromperlos y arrastrarlos a sus planes. Su maligna influencia sedujo a muchas de sus tribus, pues sus vidas estaban guiadas por el miedo y la supersticíon. Aunque al principio ninguno de sus movimientos dio frutos inmediatos, a la larga salieron a la luz y grandes penurias sucedieron después.
De quienes desarrollaron una amistad con los elfos, la mayoría crearon sus propias culturas y fundaron sus propios reinos. Algunos comenzaron a utilizar un conocimiento recién adquirido para explotar o subyugar a los pueblos menos afortunados; tal es el comportamiento de los hombres. Otros conocieron las historias sobre los Eldar y el Gran Viaje y decidieron trazar la ruta de los tres pueblos Eldar. Su espíritu aventurero les condujo a la primera separación entre los Nacidos Después.

Esta división entres los Hildor tuvo lugar entre los Lintador y los Aravador: los grupos "rápidos" que fueron hacia el Lejano Oeste y entraron en Beleriand; y las razas "lentas" que se establecieron en otras zonas de la Tierra Media o emigraron hacia el Oeste después de los Días Antiguos.

Entre los Lintador figuraban los Edain, los arthûnEdain (los antiguos orientales) o posteriormente Arhûznerim, y los drúEdain (los woses o drûgs). Los pueblos Avarador incluían, entre otros, a los Avarim (posteriormente AvarEdain) o Womaw, los Hamerin (sureños), los Mornerim (nórdicos), los Talatherim (hombres de las llanuras o posteriormente orientales) y los Linerim (pueblos del Lago orientales).
Encabezados por los Edain, los Lintador viajaron hacia el noroeste, cruzando las amplias praderas, a través de Rhûn, y más allá del Anduin. Viajando separados y más adelantados que los demás, los Edain llegaron a Eriador después de tres siglos. Durante un tiempo, vivieron en las ricas colinas de lo que posteriormente sería Amor. Después, tras acercarse hasta el lago Nenuial, Balan llevó a la Primera Casa de los Edain al otro lado de las Montañas Azules (S. "Ered Luin") hasta la hermosa Beleriand.
Los Edain de Balan entraron en Beleriand durante la Larga Paz que siguió a la tercera batalla entre los elfos y Morgoth, la Batalla Gloriosa (S. "Dagor Aglareb"). Fue entonces cuando fueron descubiertos por el rey noldo Finrod Felagund. Finrod fue el primero de los Eldar en contemplar a los Hijos Menores de Eru. Trabó amistad con ellos y adiestró a los miembros de la Primera Casa de los Edain; y desarrolló un especial afecto por su líder, el gran Jefe Balan, que posteriormente sería conocido como Bëor el Viejo.
 
Las Tres Casas Edain
 
De los Edain o atani, los Nacidos Después "Amigos de los elfos ", había tres grandes familias.
La Primera Casa comprendía al pueblo de Balan, posteriormente llamado Bëor.
Los miembros de la Segunda Casa eran llamados los Haladin, y diferían en lengua y forma de vida de los de la Casa de Bëor. Aun así, esperaron en los valles de las laderas orientales a que los correos de Balan les enviaran algún mensaje sobre lo que había al Oeste de las Ered Luin. Pasó un año antes de que siguieran a sus hermanos a través de las montañas.
La Tercera Casa contenía el mayor número de los tres pueblos de los Edain, y comprendía una serie de clanes que rendían tributo a un jefe llamado Marach. Aunque la Tercera Casa había iniciado el viaje hacia el oeste antes que la Casa de Balan, su número le había obligado a ir más despacio, pues se preocupaban mucho por permanecer juntos. Llegaron a Beleriand dos años después del primer encuentro entre los Eldar y los Edain.
Juntos, los hombres de las Tres Casas eran llamados los Atani, el "Segundo Pueblo" en la lengua de Valinor. Los Sindar de Beleriand los llamaron en su propia lengua con el nombre de Edain, aunque ese nombre sólo se aplica a los hombres cuya sangre procede de las Tres Casas de los amigos de los elfos.
 
El final de la Primera Edad
 
En los años que siguieron, muchos Edain jóvenes y ansiosos entraron al servicio de los ejércitos de los reyes Eldar. Las simpatías de los Edain se pusieron en contra de Morgoth proporcionándole al Enemigo Negro un nuevo y vigoroso adversario. Aunque individualmente eran débiles desde el punto de vista de los Eldar, los hombres lucharon en grandes números y con gran coraje, distinguiéndose como grandes héroes como como por ejemplo Barahir, Beren, Huor, Húrin, Tuor y Túrin.
Los Edain, sin embargo, no fueron el único grupo en entrar en Beleriand. Un pequeño grupo de woses, o drúEdain, vivían entre el pueblo de la Segunda Casa. Permanecieron ajenos a la lucha que asoló Beleriand; pero las dos enormes tribus de los morenos orientales, o ArbûnEdain, que llegaron poco después, entraron en la lucha. La mayoría se alistaron en los ejércitos de Morgoth y fueron conocidos desde entonces como los Arhûnerim. El valiente clan de Bör fue la única excepción, pues escogieron aliarse con los Eldar y lucharon a favor de los Pueblos Libres.
Durante los oscuros días con que concluyó la Primera Edad, las tres Casas de los Edain sufrieron terriblemente. Algunos, como los mil miembros de la Primera Casa liderados por Bereg, simplemente abandonaron Beleriand; otros perecieron en combate o lucharon por sobrevivir en las tierras salvajes. Los orientales aliados con los Eldar fueron virtualmente aniquilados en la Quinta Batalla de las guerras contra Morgoth, el último gran conflicto antes de la Guerra de la Cólera.
 
La Segunda Edad
 
Los inciertos años de la Segunda Edad vieron un cambio gradual en el carácter de la Tierra Media. Aunque muchos elfos, incluyendo un gran número de Eldar, residían en Endor, los hombres comenzaron a hacerse valer. La mayoría permanecieron ignorantes y trabajaron duro para sobrevivir, pero otros prosperaron.
De estos últimos, los Edain gozaron de la mayor gloria. Estableciéndose en Númenor (conocida como Oesternesse o Andor), la isla continente que los Valar crearon en medio del Gran Mar al oeste de la Tierra Media, la mayoría de los Edain desarrollaron una brillante cultura que principalmente se basaba en las enseñanzas de los Eldar. Fueron conocidos como númenóreanos o Dúnedain, los Edain del Oeste. Con el tiempo, navegaron hacia el este hasta Endor, trayendo sus conocimientos a los hermanos que vivían cerca de las costas.
Justo antes de que los primeros barcos Dúnedain llegaran a las costas de la Tierra Media, un nuevo poder comenzó a agitarse. Sauron, el lugarteniente de Morgoth, comenzó a adoptar forma de nuevo y con el curso de la segunda mitad del primer milenio de la S.E., volvió a Endor. En tomo a 1000 S.E., ocupó Mordor y comenzó a trabajar en la Torre Oscura. A continuación comenzó a tramar planes para conquistar el continente.
Aunque ningún hombre de la Tierra Media poseía el conocimiento ni la fuerza para derrotar al Señor Oscuro, los hombres de Númenor desafiaron su alzamiento. Conforme el poder de los númenóreanos crecía, comenzaron a explotar a sus hermanos menos afortunados. Construyeron un gran imperio y colonizaron gran parte de Endor; declararon la guerra a muchos pueblos. Conforme su poder aumentaba, sus ambiciones eran mayores y, como Sauron, los Señores de Númenor comenzaron a considerarse a sí mismos los Reyes de los Hombres.

Sauron forjó el Anillo Unico en torno a 1600 S.E., y capturó las almas de nueve hombres mortales durante los siglos que siguieron. Se convirtieron en sus inmortales Espectros del Anillo, sus más atroces sirvientes. Tres de ellos eran númenóreanos caídos, lo que constituye una indicación del poder relativo de los Dúnedain.

En realidad, Sauron consideraba a los Edain de Númenor su mayor amenaza, pues su expansión le obligaba a dejar las regiones costeras de la Tierra Media bajo su hegemonía. La influencia númenóreana a lo largo de todas las costas era preeminente.
El Señor de los Anillos luchó contra los Dúnedain tres veces a lo largo de la Segunda Edad. La intervención númenóreana causó su derrota en la Guerra contra los Elfos (S.E. 1693-1700). Después, en 3262 S.E., se vio forzado a rendirse ante el poder de Ar-Pharazôn. Fue encadenado y llevado a la Isla Bendita como un prisionero.
La capitulación de Sauron señaló el inicio del fin de Númenor. Ya de por sí corruptos, los Dúnedain de Oesternesse cayeron rápidamente bajo la influencia del Señor Oscuro. Jugó con su miedo a la muerte y convenció a Ar-Pharazôn para intentar la conquista de las Tierras Imperecederas de Aman. Buscando la inmortalidad, los númenóreanos construyeron la Gran Armada, creyendo permanentemente que la simple posesión de Aman confería la vida eterna. Su codicia, su orgullo y su falta de fe condenaron a su reino. Cuando pusieron pie en las Tierras Imperecederas en 3319 S.E., los Valar abandonaron su vigilancia y llamaron a Eru para que volviera a equilibrar Arda. El Unico creó un cataclismo y el Gran Mar se tragó Númenor. Ar-Pharazôn y su ejército invasor fueron engullidos por el cataclismo ordenado por Eru y destruidos hasta el último de ellos.
Además de Sauron, los Fieles amigos de los elfos fueron los únicos supervivientes de la Caída de Númenor, "Akallabêth ". Navegando de vuelta a la Tierra Medía, fundaron los Reinos en Exilio: Arnor y Gondor. Estos reinos Dúnedain, pese a ser modestos desde el punto de vista númenóreano, demostraron ser los reinos humanos más importantes de Endor. Como resultado, entraron rápidamente en conflicto con el Señor Oscuro.
La tercera lucha entre Sauron y los Dúnedain finalizó con la Segunda Edad. Aliándose con los Eldar de la Tierra Media, los Dúnedain de Arnor y Gondor forjaron la Última Alianza de Elfos y Hombres y vencieron al Maligno en una guerra que le costó a Sauron el Anillo Unico. La Alianza perdió a sus dos líderes, Elendil el Alto y Gil-galad el Rey Supremo, pero el Maligno fue obligado a salir de Endor.
 
La Tercera Edad
 
El amanecer de la Tercera Edad vio a los hombres liberados del yugo de la dominación númenóreana y de la Sombra creada por el Señor de los Anillos. Aunque seguían siendo ignorantes, eran libres. Las sociedades humanas comenzaron a vivir de forma más independiente. Construyeron nuevos reinos y extendieron sus posesiones, luchando entre ellos. Tuvo lugar una mezcla de razas, reduciendo antiguas distinciones y creando otras nuevas.
Como resultado, la Tercera Edad vio cómo declinaba la presencia de razas no humanas en la Tierra Media. Los Eldar partieron en grupos sin precedentes, mientras que los enanos se escondían o se convertían en un pueblo nomádico. Los hobbits emigraron al oeste hasta la Comarca o Eriador, hallándose cómodos en su inocuo dominio.
Los Dúnedain conservaron su preeminencia entre los hombres. Los hijos de Isildur gobernaron el reino norte de Arnor, mientras que los hijos del hermano de Isildur, Anárion, gobernaron el reino sur de Gondor.
En el este y en el sur, los Sucesores de los antiguos señores númenóreanos construían sus propios reinos, dominando a los llamados hombres menores. Otros hombres, esparcidos por todo el mundo, aparecieron desde el corazón del continente, la región dominada antaño por Sauron. Habiendo tenido poca o ninguna exposición a los Dúnedain en edades pasadas, los Balchoth, los Aurigas y otros pueblos orientales vinieron desde más allá del Mar de Rhûn para enfrentarse a Gondor. Otros provenían del sur, como los haradrim, los númenóreanos negros y los variags de Khand (considerados como los hombres más violentos del mundo). Pero los Dúnedain siguieron siendo fuertes y derrotaron a todos sus enemigos.
No todos los hombres lucharon contra los Dúnedain. Ocultos en los bosques, recluidos y tímidos, estaban los woses, los antiguos drúedain. Este místico, inescrutable y extraño pueblo era capaz de llevar a cabo hechos asombrosos a la hora de ocultarse, conocer la naturaleza o lanzar magia, pero eran muy primitivos en lengua y hábitos. Se trataba de un pueblo muy tímido pero robusto, excepcionalmente hospitalario con los extranjeros. Pero no eran muy rápidos a la hora de tomar decisiones, y permanecieron casi siempre dudosos a la hora de decidir entrar o no en los asuntos ajenos.
En las praderas y en la meseta del Centro-Sur de Endor habitaban unas tribus de hombres de los caballos más pacíficas: los pueblos Chey y Ahar. Sus ancestros eran los Talatherim (hombres de las llanuras o, posteriormente, Orientales) de la Primera y Segunda Edad, la misma raza que dio nacimiento a sus vecinos en el sur, las sorprendentemente civilizadas razas mercantiles de los Shay y los Chy. Muchas de sus ciudades eran antiguas colonias de Númenor, ciudades portuarias o encrucijadas que constituían los fundamentos de las naciones de los Bulchyades, los Clyan, los Olyas Kriis y los Codya.
En el Lejano Sur habitaban una miríada de pueblos de Mûmakan, muchos de los cuales sufrieron en las luchas entre Sauron, los númenóreanos y los cultos leales al antiguo legado de Morgoth. La mayoría descendían de los Harrierim (sureños), pueblo que engendró a los haradrim y mezcló su sangre con la de otros creando la raza de los variags. Incluían a los altos y elegantes Kirani, los Tuktani y los violentos Mûmakani. Otras, como la de los hathorianos, eran culturas extranjeras que habían llegado junto a los hombres de Númenor.

Los Womaw, descendientes de los Avarim o AvarEdain, dominaban gran parte del Lejano Este. Habían sido enormemente influidos por los Avari y, al igual que los Edain, eran considerados como amigos de los elfos (aunque por los moriquendi). Desde su tierra natal en el nordeste de Endor, este pueblo marino extendió su dominio por todas las islas y a lo largo de todas las costas bañadas por el Mar Circundante. Los Linerim, los Pueblos del Lago, residían al oeste suyo, a lo largo de las laderas interiores de las grandes cadenas montañosas del este.

Los nórdicos vivían en el Lejano Norte. Eran los descendientes de la antigua raza de los Momerim, muchos de los cuales habían muerto en las Guerras de Morgoth, y se diferenciaban mucho de los demás hombres, permaneciendo separados de ellos. Comprendían, entre otros pueblos, a los lossoth de Forochel. Sus separados clanes nomádicos gobernaban los yermos helados, lo que constituye un ejemplo de cómo los hombres llegaron a ocupar toda la Tierra Media. En realidad, al principio de la Tercera Edad, sólo eran una entre los cientos de comunidades humanas, tanto de hombres comunes como de descendientes de los antiguos amigos de los elfos, que se extendían por las cuatro esquinas de Endor.
 
La Lucha Contra Sauron
 

Con la aparición de Sauron a mediados de la Tercera Edad, la mayoría de estos pueblos lucharían bajo la Sombra. Muchos sucumbieron a sus propias debilidades: el miedo, la codicia, la superstición o el orgullo. Otros resistieron y fueron conquistados por la fuerza de las armas. La gran mayoría de la Tierra Media fue sometida al gobierno del Señor de los Anillos mediante astutas intrigas y la utilización de la fuerza bruta. Sus Nazgûl, los nueve reyes humanos muertos vivientes que actuaban como sus agentes mas poderosos, dividieron el continente en sus propios feudos.

Un Mal parecido se elevó en el Norte. El gran lugarteniente de Sauron, Primero de los Nazgûl, creció en poder en las pobres y frías tierras de Angmar. Construyó un maléfico ejército de Orcos y otras criaturas, los montañeses de las Landas de Etten y los viajeros orientales. Con estas hordas, luchó contra Arnor, asolando el reino dúnadan. Aunque el reino de Angmar fue finalmente eliminado, sólo algunos de los Dúnedain del norte, los nobles Montaraces del Norte, quedaron en pie para enfrentarse a la voluntad del Maligno. Los Dúnedain del norte y los hombres de Gondor, estaban solos en su lucha contra el Señor Oscuro.
Mientras el Rey Brujo actuaba en el norte, un flujo constante de bárbaros maléficos barría desde el sur y el este contra Gondor. De nuevo se trataba de los haradrim, los orientales y los variags; y a sus tropas se habían añadido los dunlendinos. Los Nazgûl partieron de Mordor y arrebataron la gran torre de Minas Ithil a los gondorianos. La maravillosa ciudadela que había vigilado Mordor se convirtió en Minas Morgul, la Torre de la Negra Hechicería.
Sin embargo, Gondor halló nuevos aliados contra esta devoradora amenaza. Los rohirrim de Rohan, los hombres de los bosques y los beórnidas del Bosque Negro, los Bardos de Valle, todos vinieron en ayuda de los Dúnedain para rechazar la ola de mal que barría sus tierras.
Este era el escenario de finales de la Tercera Edad, cuando tuvo lugar la Guerra del Anillo, donde Sauron, con todo su poder, intentó destruir a los Dúnedain de Gondor y al resto de los Pueblos Libres. Pero gracias al coraje de los Hobbits y a la sabiduría del Istar Gandalf, ninguno de estos planes llegó a consumarse.arrebatar el Anillo del Poder a los hobbits de la Comarca, quienes con inocencia y coraje llegaron a destruirlo. El Rey Único, oculto durante siglos a las maquinaciones de Sauron, fue revelado y prevaleció sobre los ejércitos oscuros. Sauron y su Imperio de la Sombra fueron destruidos, marcando el fin de la Tercera Edad.
 
La Cuarta Edad: La Edad de Los Hombres
 

El retomo del rey llevó a Aragorn II, hijo de Arathorn II de Arnor, a regentar el trono unificado de Gondor y Arnor. Llamado Elessar, era el verdadero heredero de Isildur, y rey de todos los Dúnedain. Llevó a cabo la unión final de la sangre humana y la élfica, pues se casó con Arwen Undómiel, la hija de Elrond Medio-elfo. Gobernaron juntos hasta el año 120 C.E., cuando él murió, anciano y tras muchos años de vida.

El Rey Elessar logró, mediante la sabiduría y la fuerza, la paz con los orientales y los haradrim, y bajo su mano comenzó la Cuarta Edad; el Tiempo del Dominio de los Hombres. Los Dúnedain habían aprendido de los elfos lo que era realmente noble y grande: el amor, la belleza, el conocimiento y la ciencia. Ellos lo pasaron a sus descendientes.
Pero su victoria en los Años Oscuros había sido prevista por Eru, pues en realidad El los había creado con ese propósito. Su objetivo era que fueran Suyos y sólo Suyos. En forma, eran quienes resistirían finalmente; aquellos sobre los que el Destino no podría influir en absoluto.
 
 
 
 

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