LA GUERRA DE LA CÓLERA
 
LA ÚLTIMA BATALLA DE LOS VALAR
 
 
 
 
La Guerra de La Cólera fue el episodio final de la Primera Edad. Después de varias centurias de penalidades los Valar, Los Guardianes del Orden de Las Cosas, decidieron intervenir para equilibrar el mundo, ya que su díscolo hermano Melkor amenazaba con el exterminio de los Noldor exiliados y sus aliados Adan que le impedían la conquista del mundo.
Esta guerra fue la última implicación directa de los Valar en los acontecimientos de Eä, ya que el poder que se reuniío en kla Última Hueste de Amán hizo temblar al mundo. Una nueva intervención podría hacerlo deasparecer.
La Guerra de la Cólera marcó el fin de Beleriand, la cual quedó sumergida por las aguas del Gran Belegaer al acabar la contienda.
Para saber más lee este texto de JRR Tolkien extraído de El Silmarilion®
 
 
… Sin embargo, se dice que Morgoth no esperaba el atactue que le llegó desde Occidente; porque había crecido mucho en orgullo y le parecía que nadie más se atrevería a librar una guerra abierta contra él. Además, imaginaba que había malquistado para siempre a los Noldor con los Señores del Occidente, y que contentos en su propio reino, los Valar ya nunca harían caso del mundo exterior; porque para aquel que no conoce la piedad, los hechos piadosos son extraños e incomprensibles.
Pero el Ejército de los Valar se preparaba para la batalla; y tras sus estandartes blancos marchaban los Vanyar, el pueblo de Ingwë, y aquellos de los Noldor que nunca habían abandonado Valinor, y cuyo conductor era Finarfin, el hijo de Finwë. Pocos de entre los Teleri estaban dispuestos a ir a la guerra, porque recordaban la matanza en el Puerto de los Cisnes y la captura de los navíos; pero escucharon a Elwing, que era la hija de Dior Eluchíl y del linaje de ellos, y enviaron marineros para las naves que transportaban el ejército de Valinor por el mar hacia el este. No obstante, permanecieron a bordo, y ninguno de ellos puso pie en las Tierras de Aquende.
De la marcha del Ejército de los Valar hacia el norte de la Tierra Media poco se dice en historia alguna; porque entre ellos no iba ninguno de los Elfos que habian vivido y sufrido en las Tierras de Aquende, y que compusieron las historias de aquel tiempo que aún se conocen; y sólo se enteraron de esos hechos mucho después, por sus hermanos de Aman.
Pero al fin el poder de Valinor apareció en el Occidente, y las trompetas de Eönwë clamaron desafiantes en el cielo; y Beleriand se encendió con la gloria de las armas, pues el Ejército de los Valar se componía de figuras jóvenes hermosas y terribles, y las montañas resonaban bajo sus pies.
El encuentro de os ejércitos del Occidente y del Norte se llamó la Gran Batalla y la Guerra de la Cólera. Allí se concentró todo el poder del Trono de Morgoth, que había crecido sin medida, de modo que Anfauglith no podía ya contenerlo; y todo el Norte ardía con la guerra.
Pero de nada le valió. Los Balrogs fueron destruidos, salvo unos pocos que huyeron y se escondieron en cuevas inaccesibles en las raíces de la tierra; y las incontables legiones de los Orcos perecieron como paja en un incendio, o fueron barridas como hojas marchitas delante de un viento ardiente. Durante largos años, pocos quedaron para perturbar el mundo. Los sobrevivientes de las tres casas de los Amigos de los Elfos, los Padres de los Hombres, lucharon e parte de los Valar; y fueron vengados en esos días por la muerte de Baragund y Barahir, de Galdor y Gundor, de Huor y Húrin, muchos otros de sus señores. Pero la mayoría de los Hijos de los Hombres del pueblo de Uldor, y otros recién llegados del este, marcharon junto con el Enemigo; y los Elfos no lo olvidan.
Entonces, al ver que sus huestes eran aniquiladas y su poder dispersado, Morgoth se amilanó, y no se atrevio él mismo a salir a la batalla. Pero lanzó sobre el enemigo el último ataque desesperado que había previsto, y de los abismos de Angband salieron los dragones alados que habían estado ocultos hasta entonces; y tan súbita y ruinosa fue la embestida de la terrible flota, que el Ejército de los Valar retrocedió, porque los dragones venían junto con grandes truenos, y relámpagos, y una tormenta de fuego.
Pero llego Eärendil, brillando con una llama blanca, y alrededor de Vingilot estaban reunidas todas las grandes aves del cielo capitaneadas por Thorondor. Hubo una batalla en el aire todo el día y a lo largo de una noche de duda. Antes de salir el sol, Eärendil mató a Ancalagon el Negro, el más poderoso del ejército de los dragones, lo arrojó del cielo; cayendo sobre las torres de Thangorodrim, que se queraron junto con él. Entonces salió el sol, y el Ejército de los Valar prevaleció, y casi todos los dragones fueron destruidos.
Todos los fosos de Morgoth quedaron desmoronados y sin techo, y el poder de los Valar descendió a las profundidades de la tierra. Allí por fin quedó Morgoth acorralado y acobardado, huyó a la más profunda de sus minas y pidió la paz y el perdón; pero los pies le fueron rebanados desde abajo, y fue arrojado al suelo de bruces. Luego fue atado con la cadena Angainor, que él había 1levado en otro tiempo, y de la corona e hierro le hicieron un collar, con el que le hundieron la cabeza entre las rodillas. Los dos Silmarils que Morgoth conservaba los quitaron de la corona, y brillaron inmaculados bajo el cielo; y Eönwë los recogió y los guardó.
Así se puso fin al poder de Angband en el Norte, y el reino maldito fue reducido a nada; y de las profundas prisiones una multitud desesperanzada de esclavos emergió a la luz del día, y contemplaron un mundo que había cambiado. Porque tan grande era la furia de esos adversarios, que las regiones septen trionales del mundo occidental se habían partido, y el mar entraba rugiendo por múltiples grietas.
Entonces Eönwë, como heraldo del Rey Mayor, convocó a los Elfos de Beleriand para abandonar la Tierra Media. Pero Maedhros y Maglor no lo escucharon, y se prepararon, aunque ahora con fatiga y aversión, para un intento desesperado: cumplir con el juramento…
 
 
 
 
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