LAS BATALLAS DE LA GUERRA POR LAS GRANDES JOYAS
 
 
LA CUARTA BATALLA:
LA DAGOR BRAGOLLACH
 
LA BATALLA DE LA LLAMA SÚBITA
 
 
 
 
… Llegó el tiempo del invierno cuando la noche era oscura y sin luna, y la amplia llanura de Ard-galen se extendía en la sombra bajo las frías estrellas, desde los fuertes en las colinas de los Noldor hasta el pie de Thangorodrim. Las hogueras ardían débilmente y los guardianes eran escasos; pocos velaban en los campamentos de los jinetes de Hithlum. Entonces, de pronto, Morgoth envió desde Thangorodrim caudalosos ríos de llamas que más rápidos que Balrogs se esparcieron por toda a llanura; y las Montañas de Hierro eructaban fuegos venenosos de muchos colores y el humo que descendía era mortal.
Así pereció Ard-galen. el fuego devoró sus hierbas, convirtiéndola en un baldío quemado y desolado, de aire polvoriento, sofocante, yermo y sin vida. Desde entonces cambió de nombre y se llamó Anfauglith, el Polvo Asfixiante. Allí tuvieron tumba montones de huesos chamuscados; porque en ese incendio perecieron muchos de los Noldor que no pudieron trepar a las colinas y fueron atrapados por las llamas.
Las alturas de Dorthonion y Ered Wethrin detuvieron los fogosos torrentes, pero los bosques sobre las laderas que daban a Angband ardieron todos, y el humo confundió a los delensores, facilitando la labor de destrucción de los ejércitos de Morgoth.
Así empezó la cuarta de las grandes batallas, la Dagor Bragollach, la Batalla de la Llama Súbita.
Al frente de ese fuego avanzó Glaurung el dorado, Padre de los Dragones, ya entonces en la plenitud de su poder. Con él venía un aterrador séquito compuesto de Balrogs. Detrás de esta corte de muerte venían los ejércitos negros de los Orcos, en multitudes que lós Noldor no habían visto ni imaginado jamás en las peores de sus pesadillas.
Esta formidable fuerza atacó con inusitada fuerza las fortalezas de los Noldor, quebrantando el sitio en torno a Angband. La matanza entre los Noldor y a sus aliados, los Elfos Grises y los Hombres , fue tremenda. Muchos de los más vigorosos de los enemigos de Morgoth fueron destruidos en los primeros días de combate, sorprendidos y dispersos e imposibilitados de unir sus fuerzas. Desde entonces la guerra nunca cesó del todo en Beleriand; pero la Batalla de la Llama Súbita se dio por concluida con la llegada de la primavera, cuando disminuyó la feroz embestida de Morgoth.
De este modo terminó el Sitio de Angband. Los enemigos de Morgoth fueron dispersados y separados los unos de los otros. La mayor parte de los Elfos Grises huyó hacia el sur abandonando la guerra del norte; muchos fueron recibidos en Doriath, y el reino y la fuerza de Thingol se hicieron más grandes en ese tiempo, pues el poder de la Reina Melian se había extendido más allá de las fronteras y el mal no podía penetrar la Cintura de Melian. Otros se refugiaron en las fortalezas junto al mar, y en Nargothrond; y algunos se ocultaron en Ossíriand, o atravesaron las montañas, errando sin hogar fijo en la intemperie. El rumor de la guerra y del quebrantamiento del Sitio llegó a oídos de los Hombres en el este de la Tierra Media.
Los hijos de Finarfin fueron los que más sintieron la pujanza del ataque. Angrod y Aegnor, señores del reino noldorín de Dorthonion murieron allí y junto a ellos cayeron Bregolas, señor de la casa de Bëor, y gran parte de los guerreros de ese pueblo. Pero Barahír, el hermano de Bregolas, estaba en una batalla que se libraba más hacia el oeste, cerca del Paso del Sirion.
Allí el Rey Finrod Felagund, que se apresuraba desde el sur con un ejército de socorro venido desde Nargothrond y las Falas, quedó aislado con unos pocos de los suyos y fue rodeado en el Marjal de Serech; y habría sido muerto o tomado prisionero, pero Barahir acudió en su auxilio con los más valientes de sus hombres y lo rescató levantando un muro de lanzas alrededor; y se abrieron paso entre las tropas enemigas, abandonando el campo de batalla aunque con grandes pérdidas.
Así escapó Felagund, que volvió a su profunda fortaleza de Nargothrond; pero antes de partir hizo un juramento de amistad eterna y de ayuda en toda necesidad a Barahir y a su gente. Como prenda del juramento le dio su anillo. Barahir era ahora por derecho señor de la casa de Bëor, y regresó a Dorthonion; donde la mayor parte de su pueblo había escapado y buscado refugió en el reino de Fingolfin en Hithlum.
Tan grande fue la embestida de Morgoth, que Fingolfin y Fingon no pudieron acudir en ayuda de los hijos de Finarfin y los ejércitos de Hithlum fueron rechazados con grandes pérdidas hasta las fortalezas de Ered Wethrin que apenas consiguieron defenderlos de los ataques de los Orcos. Ante los muros de Eithel Sirion cayó Hador Cabellos Dorados, en la defensa de la retaguardia del señor Fingolfin; y con él Gundor, su hijo menor, atravesado por muchas flechas. Entonces Galdor el Alto sucedió a su padre como señor de la Casa de Ador. Por causa de la fortaleza y la altura de las Montañas Sombrías, que resistieron el torrente de fuego, y el valor de los Elfos y de los Hombres del Norte, que ni Orcos ni Balrogs pudieron vencer, Hithlum no fue conquistada y amenazó el flanco del ataque de Morgoth; pero un mar de enemigos separó a Fingolfin de su gente.
Porque dura había sido la guerra para los hijos de Fëanor, y casi todas las fronteras orientales habían sido tomadas por asalto. El Paso de Aglon fue forzado, aunque los ejércitos de Morgoth pagaron por ello un alto precio. Celegorm y Curufin huyeron derrotados hacia el sur y el oeste por las fronteras de Doriath hasta llegar al reino de Finrod. Maedhros llevó acabo hazañas de insuperable valor, y los Orcos huían delante de su cara; porque desde el tormento padecido en Thangorodrim, ardía por dentro como una llama blanca, como uno que regresa de entre los muertos. Así, la gran fortaleza sobre la Colina de Himring no pudo ser tomada, y muchos de los más valientes que quedaban aún, tanto del pueblo de Dorthonion como de las fronteras orientales, se juntaron allí para ir a su encuentro.
Durante un tiempo él cerró una vez más el Paso de Aglon, de modo que los orcos no pudieron penetrar en Beleriand por ese camino. Pero abrumaron a los jinetes del pueblo de Fëanor en Lothiann, pues hacia allí marchó Glaurung, pasando por la Hondonada de Maglor destruyendo todas las tierras entre los brazos del Gelion. Los Orcos tomaron la fortaleza de las laderas occidentales del Monte Rerir y devastaron toda Thargelion, la tierra de Caranthir, contaminando el Lago Helevorn. De allí cruzaron el Gelion con fuego y terror y penetraron profundamente en Beleriand Oriental. Maglor se unió a Maedhros en Himring; pero Caranthir huyó y sumó el resto de su gente a pueblo disperso de los sus hermanos Amrod y Amras, y se retiraron más allá del río Ramdal. En Amon Ereb mantuvieron una guardia y algunas fuerzas de combate y con la ayuda de los Elfos Verdes los Orcos no entraron en Ossiriand ni tampoco en Taur-im-Duinath y las tierras salvajes del sur.
LA MUERTE DE FINGOLFIN
... Llegó entonces a Hithlum la serie de malas nuevas de la caída de Dorthonion; la derrota de los hijos de Finarfin y el exilio de los hijos de Fëanor. Entonces vio Fingolfin lo que era para él la ruina total de los Noldor, y la derrota de sus casas mas allá de toda recuperación; y lleno de desesperación y de furia, montó a Rochallor, su gran caballo, y cabalgó solo sin que nadie pudiera impedírselo. Atravesó Dor-nu-Fauglith como un viento entre el polvo, y aquellos que alcanzaban a verlo pasar huían azorados, creyendo que había llegado el mismo Oromë; porque corría dominado por una cólera enloquecida, con los ojos imbuidos en un brillo como el de los Valar.
Así llegó solo a las puertas de Angband, e hizo sonar su cuerno de plata, y golpeó una y otra vez las puertas de bronce, desafiando a Morgoth a un combate singular. Y Morgoth salió.
Esa fue la última vez durante esas guerras que Morgoth cruzó, nunca de buen grado, las puertas de su fortaleza. No aceptó el desafio de buen grado porque aunque su poder era mayor que todas las cosas de este mundo, sólo él entre los Valar conocía el miedo. Pero no podía negarse a aceptar el desafio que le tendía el rey elfo delante de sus propios capitanes; pues la aguda música del cuerno de Fingolfin resonaba en las rocas, y su voz llegaba penetrante y clara hasta las profundidades de Angband. Fingolfin llamó a Morgoth cobarde y señor de esclavos. Por lo tanto Morgoth salió, subiendo lentamente desde el trono profundo. El sonido de sus pisadas era como un trueno bajo tierra. Salió vestido con una armadura negra; erguiéndose ante Fingolfin como una torre coronada de hierro. El vasto escudo negro y sin blasón arrojaba una sombra de nubes tormentosas. Pero Fingolfin brillaba debajo como una estrella; porque la cota de malla que vestía estaba embellecida con una tupida red de hilos de plata entretejidos y el escudo azul llevaba cristales incrustados. Su espada, la mítica hoja Ringil, relució como el hielo al ser desenvainada.
Entonces Morgoth esgrimió su maza llamada Grond, el Martillo de los Mundos Subterráneos; lo alzó bruscamente y lo hizo caer como un rayo de tormenta. Pero Fingolfin saltó a un lado, y Grond abrió un gran boquete en la tierra por el que salían humo y fuego. Muchas veces intentó Morgoth herirlo y otras tantas Fingolfin esquivó los golpes, como relámpagos lanzados desde una nube oscura; e hirió a Morgoth con siete heridas, y siete veces lanzó Morgoth un grito de angustia, mientras los ejércitos de Angband caían de bruces consternados, y el eco de los gritos resonaba en las Tierras Septentrionales.
Pero al final el rey elfo se fatigó y Morgoth lo abatió con el escudo. Tres veces cayó Fingolfin de rodillas y tres veces se volvió a levantar con el escudo roto y el yelmo mellado. Pero la tierra estaba desgarrada en boquetes todo alrededor y tropezó cayendo de espaldas ante los pies de Morgoth. Éste aprovechó la ventaja otorgada y le puso el pie izquierdo sobre el cuello. El peso era equivalente al de una montaña derrumbada. No obstante, en un último y desesperado intento, Fingolfin golpeó a Morgoth con Ringil, rebanándole el pie. Negra y humeante manó la sangre negra, llenando los boquetes abiertos por Grond.
De este modo pereció Fingolfin, Rey Supremo de los Noldor, el mas orgulloso y valiente de los reyes Elfos de antaño. Los Orcos no se jactaron de ese duelo ante las puertas; ni tampoco lo cantan los Elfos, pues tienen una pena demasiado profunda.
No obstante, la historia se recuerda todavía, porque Thorondor, Rey de las Aguilas, llevó la nueva a Gondolin y a Hithlum, a lo lejos. Y Morgoth levantó el cuerpo del rey elfo y lo quebró para arrojarlo a los lobos; pero Thorondor se precipitó desde su nido en las cumbres de Crissaegrim, lanzándose sobre Morgoth desfigurándole la cara.
Morgoth renqueó siempre de un pie desde ese día, y el dolor de las heridas no se le curó nunca y en la cara llevaba la cicatriz que Thorondor le había hecho.
La embestida de las alas de Thorondor era como el ruido de los vientos de Manwë; y aferrando el cuerpo con sus garras poderosas, se llevó al fenecido rey consigo, colocando el cadaver sobre la cima de una montaña que daba al valle escondido donde se erguía Gondolin. Turgon, Rey de la ciudad, construyó un alto túmulo de piedras sobre su padre. Ningún Orco se aventuró luego a pasar por el monte de Fingolfin ni se atrevió a acercarse a la tumba, hasta que el destino de Gondolin se hubo cumplido, y la traición apareció entre los suyos.
Grande fue el duelo en Hithlum cuando se supo la caída de Fingolfin y su hijo Fingon, lleno de aflicción, se convirtió en señor de la casa y del reino de los Noldor; pero a su joven hijo Ereinion, que se llamó luego Gil-galad, lo envió a los Puertos.
LAS CONSECUENCIAS DE LA BRAGOLLACH

…Durante casi dos años después de la Dagor Bragollach siguieron los Noldor defendiendo el paso occidental en torno a las Fuentes del Sirion, porque el poder de Ulmo estaba en esas aguas, y Minas Tirith, la fortaleza construida allí por Finrod, resistió a los Orcos. Pero después de la caída de Fingolfin, Sauron, el más grande y terrible de los servidores de Morgoth, fue al encuentro de Orodreth, el guardián de la torre en Tol Sirion.

Sauron se había convertido por ese entonces en un hechicero de espantoso poder, amo de sombras y de fantasmas; de inmunda sabiduría y fuerza cruel, que retorcía y deformaba todo cuanto tocaba; Señor de Licantropos; su dominio era el tormento.
Tomó Minas Tirith por asalto, pues una oscura nube de miedo cayó sobre los defensores; y Orodreth fue expulsado huyendo junto a su hermano a Nargothrond. Entonces convirtió la torre en una atalaya para Morgoth, en una fortaleza del mal y en una amenaza. La hermosa isla de Tol Sirion quedó maldecida y se llamó Tol-in-Gaurhoth, La Isla de los Licántropos. No había criatura viviente que pudiera pasar por el valle sin que Sauron la viera desde la torre.

…Cuando hubieron pasado siete años después de la Cuarta Batalla, Morgoth volvió al ataque. Envió una gran fuerza contra Hithlum. Duro fue el ataque contra los pasos de las Montañas Sombrías, y en el sitio de Eithel Sirion, Galdor el Alto, Señor de Dor-lómin, fue muerto por una flecha. Ocupaba esa fortaleza en nombre de Fingon, el Rey Supremo. Su hijo Húrin, que apenas alcanzaba la virilidad en ese entonces, pero que era muy fuerte de mente y cuerpo arrojó a los orcos de Ered Wethrin en medio de una gran matanza, persiguiéndolos por las arenas de Anfauglith. En adelante, Húrin gobernó la casa de Hador en Dor-lómin, y sirvió a Fingon.

Pero al Rey Fingon no le fue tan fácil detener al ejército de Angband que descendía desde el norte. La batalla se libró en las llanuras mismas de Hithlum. Allí Fingon fue claramente superado en número; pero los barcos de Círdan navegaban con denuedo por el Estuario de Drengist, y en el momento de necesidad los elfos de las Falas cayeron sobre las huestes de Morgoth de improviso, cambiando el curso de una batalla que pintaba muy mal para los Noldor y sus aliados Edain. Entonces los orcos cedieron y huyeron, y los Eldar obtuvieron la victoria; persiguieron hasta las Montañas de Hierro a los maltrechos restos de los ejércitos de Morgoth y allí acabaron por exterminarlos a casi todos.
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